El surgimiento del istmo de Panamá, ocurrido hace aproximadamente entre 3.5 y 3.1 millones de años, no solo creó un vínculo entre las dos grandes masas continentales, sino que generó un escenario de alta biodiversidad y una riqueza en el establecimiento de un corredor natural para el desarrollo de la vida.
Tales condiciones propiciaron una riqueza de plantas, aves, reptiles, anfibios, mamíferos y peces tanto de agua dulce como en sus mares. Hoy, el país se encuentra entre los 25 con mayor riqueza de variedad de plantas y flores y ocupa el lugar vigésimo octavo con diversidad biológica.
Además, el territorio panameño cuenta con unos 500 ríos que hacen un total de 52 cuencas hidrográficas. Es una red desigualmente distribuida en todo el territorio. Esta irrigación ha hecho posible la existencia de una cobertura boscosa que a finales de los años 40 del siglo pasado, era de 70%. Hoy, dicha masa ocupa cerca de un 43%.
Durante la primera década del siglo XXI, el patrimonio forestal ha decrecido como consecuencia de la actividad económica y el cambio del uso de la tierra. Esto ha propiciado la deforestación progresiva, que en los últimos años ha reducido su ritmo, gracias a las políticas de incremento de áreas protegidas por parte del Gobierno Nacional y gobiernos locales.
Desde hace algún tiempo, se ha iniciado en Panamá el proyecto Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación del Bosque (REDD +), que lleva adelante la ANAM en asocio con agencias de las Naciones Unidas y el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional de Alemania (GIZ).
El objetivo es impulsar y fortalecer capacidades nacionales hacia una gestión forestal sostenible; así como conservar y restaurar los bosques naturales en beneficio del sector rural.
Deforestación y emisiones.
Los expertos consideran que la deforestación y la degradación de los bosques tropicales ocasionan cerca de un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Aunque Panamá no es un país altamente productor de gases de efecto invernadero, al igual que otras naciones del istmo centroamericano, tiene un alto nivel de vulnerabilidad.
De allí que el proyecto REDD + tenga entre sus finalidades tres fases, una preparatoria, que se inició en 2010 hasta 2013; luego una segunda etapa de implementación con agencias cooperantes, y la última, implementación nacional.
Para alcanzar estas metas, se trabajará en tres ámbitos técnicos: el desarrollo de una línea base de inventario de los bosques y el carbono. Luego, crear un escenario de emisiones referenciales y el establecimiento de un sistema de monitoreo forestal y de carbono.
Ya se ha iniciado dicho proceso con un mapa de cobertura boscosa y el inventario para conocer la realidad de la situación del recurso forestal en el país.
Mapa de cobertura boscosa.
Un mapa que expondrá, con un alto nivel de precisión y calidad informativa, la realidad de la cobertura boscosa del país y el uso de la tierra; empezó a ser elaborado por la ANAM, como parte del proyecto REDD+ con un taller.
Iván Valdespino, gerente del Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño (CBMAP II), dijo que “para la ANAM, como organismo rector del ambiente en este país, la elaboración de esta herramienta es muy importante”.
El taller se inició con la definición de bosque, que no existe en Panamá, sino la de bosque natural, coincidieron los expertos. El bosque natural comprende un grupo de coberturas vegetales de tipo boscoso, desarrolladas sobre diferentes sustratos y pisos altitudinales que son el resultado de procesos climáticos.
Inventario forestal.
El país contará con cifras confiables y una medición científica de la masa forestal y la dimensión de sus bosques con el Inventario Nacional Forestal y de Carbono, que desarrollará la ANAM como parte de REDD+.
El ingeniero Eric Rodríguez, coordinador del programa REDD+, hizo el anuncio en la sede del Centro de Desarrollo Sostenible (CEDESAN) en Río Hato, durante un seminario para preparar el equipo humano responsable de levantar los datos.
“El inventario forestal y de carbono y la elaboración del mapa de cobertura boscosa y uso de tierra “se complementan entre sí dentro del proyecto REDD+, porque brindan información valiosa y con certeza para un mejor análisis de los bosques”.
“Hasta ahora solo se había efectuado la planificación y seleccionado la metodología”, informó el coordinador del programa REDD+. Según ese esquema de trabajo se trata de un inventario sistemático y estratificado por tipo de bosque y en cada uno se tomarán muestras equidistantes.
Plan de trabajo.
Hay un conjunto de acciones que se han programado y que permitirán alcanzar las sofisticadas metas de este proyecto, entre ellas el desarrollo de capacidades institucionales, así como su fortalecimiento intersectorial y el de la sociedad civil.
Además se hará un análisis de las causas actuales y futuras de la deforestación, una valoración de los bienes y servicios ambientales del bosque y su contribución en la economía. También se establecerá un plan nacional de consulta y capacitación y desarrollo de una estrategia de comunicación.
El marco legal para establecer el programa REDD + será incluido en la agenda, y se estimularán acciones en comunidades rurales e indígenas para generar proyectos pilotos y crear condiciones para que estos poblados y la gente pueda establecer una relación armónica con los bosques.