Carmen Miró, recientemente homenajeada en El Colegio de México por sus inmensas contribuciones al estudio de la población y a las políticas demográficas en América Latina y el mundo, guió, formó, estimuló e inspiró la mayor parte del pensamiento demográfico latinoamericano desde mediados del siglo XX.
Nacida en Panamá en 1919, puede considerarse como la creadora de la demografía latinoamericana y autora de la primera y más sistemática modernización del pensamiento poblacional y de las políticas demográficas no sólo en el plano latinoamericano, sino también con influencia mundial. Con Carmen Miró la demografía se hace ciencia, práctica predictiva precisa y ejercicio efectivo de intervención gubernamental.
Para Carmen Miró las políticas de población no constituyen un fin en sí mismas, por el contrario son medios para propósitos más elevados, entre los que destaca la búsqueda del bienestar de la población. En los años sesenta y principios de los setenta del siglo anterior, en un medio dominado por formulaciones simplistas y aún influido por el pensamiento poblacionista, planteó una crítica aguda y precisa a quienes reducían la política de población a uno de sus componentes operativos, la planificación familiar. Con ésta, algunos gobiernos del mundo subdesarrollado pretendían resolver sus problemas de sobrepoblación, pero para Carmen Miró era únicamente parte de lo que se podría llamar política de población, de ninguna manera su equivalente o sustituto. Las acciones llevadas a cabo por los programas de planificación familiar, la promoción del uso de métodos anticonceptivos modernos, así como las decisiones en torno al número de hijos que las parejas deseen tener, tienen importantes consecuencias en la estructura y la dinámica de la población de una nación. No obstante, para Carmen Miró el tamaño de la población, su composición, su distribución en el territorio y la forma y ritmo en que aumenta o disminuye, no constituyen objetivos o metas con sentido propio, por los que puedan convertirse automáticamente en política de población. Esta sólo adquiere su razón de ser si forma parte de la planificación global del desarrollo, si sus metas van dirigidas a lograr el desarrollo económico y social y, particularmente, si todo esto se convierte en medios para fines mayores, como los que tienen que ver con el bienestar y la calidad de vida de todos los ciudadanos de un país. En los términos de Carmen Miró, "el fin último de todo programa de gobierno es asegurar el acceso libre igualitario de los beneficios del desarrollo a todos los habitantes".
Carmen Miró, desde el Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) que dirigió de 1958 a 1976, formó a los primeros demógrafos latinoamericanos, entre ellos a muchos destacados mexicanos practicantes de ese oficio, inculcándoles una visión de la demografía moderna, progresista y comprometida. Fue clara en sus ideas sobre el sentido que debían tener las políticas de población. Para ella, la búsqueda de la disminución de la mortalidad y de la fecundidad, y de una distribución más equilibrada de la población sobre el territorio, además de estar relacionada con propósitos morales, sociales y económicos de distinta naturaleza, sólo tenía sentido si ayudaba al desarrollo de un país, al combate a la pobreza y la desigualdad, a mejorar los niveles de ecuación, salud y bienestar. Estas eran las condiciones necesarias para elaborar una auténtica política de población. Intervenir por intervenir en la dinámica demográfica para modificarla en cualquier dirección es para ella un sentido, una práctica sencillamente irracional y ociosa.
La política de población en países como México no posee hoy día ninguno de los rasgos que esta mujer -quien ha sido galardonado con el Premio Mundial de Población de las Naciones Unidas y objeto de innumerables distinciones internacionales- ha planteado en distintos momentos de su fructífera vida intelectual. Las metas demográficas y las del desarrollo no coinciden, sencillamente porque este país no tiene metas de desarrollo. La política demográfica mexicana logró los objetivos numéricos que estableció desde hacer cerca de 30 años. No obstante, estos logros no la convierten en una política de población de acuerdo a los argumentos planteados. Las metas cuantitativas planteadas por el Estado mexicano a mediados de los años setenta, consistentes en arribar al año 2000 con una tasa de uno por ciento de crecimiento medio anual de la población y con un volumen poblacional de 100 millones de habitantes, carecen de sentido en la medida en que no contribuyeron a disminuir la desigualdad social y a reducir la pobreza y el atraso socioeconómico de la mayoría de los habitantes del país.
Las ideas planteadas por Carmen Miró a lo largo de su vida académica siguen vigentes y su crítica a las políticas gubernamentales del desarrollo y de la población continuarán con validez en tanto los países de América Latina y del mundo no desarrollado no logren traducir sus esfuerzos por regular su crecimiento demográfico en auténticos avances en términos de calidad de vida y bienestar, y en tanto sigan avanzando la pobreza y la desigualdad social.
En México y en otras partes del mundo las políticas demográficas se han convertido en documentos, leyes y normas ignoradas; programas que no han logrado guiar ninguna acción efectiva para reducir la pobreza; no pasan de ser formas discursivas, letra muerta.
En su evaluación independiente del análisis financiero y de riesgo, el Profesor Campbell R. Harvey de la Universidad de Duke comentó lo siguiente: "Me impresionaron el profesionalismo y la evaluación exhaustiva de la ampliación del Canal. Considero que el análisis financiero y de riesgos es una base excelente para tomar una decisión con respecto a si se debe proceder con la ampliación del Canal", agregando que, "En mi opinión, el nivel de análisis aparente de los modelos que revisé fue del nivel más alto posible. Para ser más específico, el nivel de análisis que revisé excedió el estándar que he visto en importantes firmas consultoras en los Estados Unidos, Canadá y Europa".
El Ing. Drohan cuestiona la rentabilidad del proyecto por posibles aumentos de costos, pero no incluye análisis técnicos valederos que sustenten su opinión, ni cuenta con la experiencia ni los conocimientos sobre análisis de riesgos para emitir una opinión sobre un tema tan especializado. Por el contrario, la firma Credit Suisse, que realizó una investigación imparcial de la inversión en la ampliación del Canal, al concluir señaló que, "Nuestro análisis de sensibilidad sugiere que las premisas de financiamiento son sólidas y razonablemente robustas para crecimientos en volumen e ingresos que pudieran ser menores de lo esperado" -y añade que, "Creemos que las lecciones de otros megaproyectos no aplican necesariamente al Canal de Panamá y que las proyecciones de demanda de la ACP son razonables". Sobre los estimados de costos indica que, "En esencia, consideramos tolerables los riesgos sobre los costos del proyecto y adecuada la cantidad asignada a contingencias, establecida al 28 por ciento del costo base".
Aparentemente, el Ing. Drohan desconoce o trata de vender la noción deque para estimar el costo del proyecto de manera certera es necesario finalizarlos diseños, cuando la realidad es que las mejores prácticas indican que con diseños preliminares bien desarrollados y buenos análisis de riesgo y sensibilidad, los costos son predecibles a un alto grado de confiabilidad.
Las ansias por mostrar que los estimados de costos de la ACP son muy bajos, llevan al Ing. Drohan a inventar que la ACP señaló que si el costo del proyecto estuviera por encima de B/.6, 000 millones el proyecto no sería rentable. Sin embargo, la propuesta de la ACP, a un costo estimado de B/. 5, 250 millones, genera una tasa interna de retorno del 12 por ciento, un nivel de rentabilidad alto para una obra de infraestructura pública.
Por otro lado, posponer la ampliación del Canal de Panamá, como sugiere el Ing. Drohan, afectaría el costo de las obras debido a la inflación y conduciría a importantes pérdidas de ingresos, pues el Canal existente llegaría a su capacidad máxima antes de iniciar la operación del tercer juego de esclusas . Por ende, postergar la ampliación del Canal acarrearía severas consecuencias económicas y estratégicas para el futuro desarrollo de Panamá.
Todo lo antes expuesto demuestra que la posición del Ing. Drohan no se basa en hechos reales. La propuesta de ampliación del Canal es rentable e involucra riesgos completamente administrables. Además, la fortaleza financiera del Canal facilita la consecución de los recursos financieros para ejecutar el proyecto en términos favorables, sin necesidad de recurrir a donaciones de terceros países, como recomienda el Ing. Drohan, lo que sería entregarle el Canal a otros, tal y como ocurrió hasta el 31 de Diciembre de 1999. Queremos acaso, regresar a lo mismo y perder la capacidad, soberanía y autonomía de decidir lo que es mejor para los panameños? Queremos hipotecar la libertad que tiene Panamá para establecer los precios por los servicios del Canal y poner en manos de terceros las decisiones futuras de la industria más importante que tiene Panamá?
Finalmente, con mucha osadía el Ing. Drohan declara al New York Times que está seguro de que "la corrupción que acecha las altas esferas de la sociedad panameña" se infiltrará en el megaproyecto. Las declaraciones especulativas y temerarias del Ing. Drohan confirman el hecho de que quien no cuenta con argumentos sólidos que sustente su postura se vale de la subjetividad con el propósito de desinformar.
Como panameños, esto no lo podemos aceptar, y no podemos permitir que intereses personales busquen prevalecer sobre los intereses del País.
(*) El autor es Director del Departamento de Ingeniería y Proyectos de la Autoridad del Canal de Panamá.