El pasado fin de semana fue intenso. La victoria de California Chrome en el Preakness Stakes, que lo puso a un brinco de conquistar la triple corona estadounidense, alteró positivamente mis sentidos, pero lo que realmente me produjo un shock fueron las dos carreras clasificatorias para el Clásico Presidente. Lo del domingo, y lo que seguramente veremos el 1 de junio, no puede más sembrar en mí un importante nivel de calentura, en el buen sentido de la palabra.
Estoy realmente contagiado con lo de la triple corona y la posibilidad de que California Chrome acabe con la barrera de 36 años sin triplecoronado y aliento la esperanza de que no se una a la lista de doce ejemplares que llegaron hasta donde él lo ha hecho, pero que no pudieron cruzar el cañón. De esto voy a ocuparme largamente en un futuro artículo. Por lo pronto hablemos del Presidente.
Dijimos la semana pasada que los eventos selectivos tenían su razón de ser en las disposiciones reglamentarias del calendario de clásicos, pero con lo visto hace seis días resulta obvio de que se ha convertido en una operación disfuncional. Y lo es porque no tiene sentido desarrollar dos carreras selectivas, sobre 2,000 metros para eliminar a dos caballos.
En esta situación, lo que se impone es, en primer lugar, desechar para siempre las carreras de clasificación, ranquear los ejemplares según las sumas ganadas y que el resto, simplemente, quede en la lista de elegibles. La otra opción es elevar hasta 20 o 22 el número de inscripciones necesarias para que sea obligatorio organizar eventos de eliminación. No podemos aparentar de que estamos al mismo nivel que la hípica estadounidense y tener todavía disposiciones tan obsoletas como la que nos ocupa.
Los eventos de clasificación encierran múltiples riesgos. Por un lado en ellos los competidores se exponen a una lesión y por otro representan un adelanto de lo que será la carrera principal y, en el caso de los potros de 3 años, los empuja a correr 6,100 metros en 30 días, lo cual es abusivo y desventajoso.
Solo basta citar como ejemplo al caballo Dr. Moon, para ver un caso típico. Este potro ganó el clásico Día del Trabajo el 1 de mayo sobre 2,000 metros y 17 días después tuvo que volver sobre los dos kilómetros para la clasificación y el 1 de junio deberá estar listo para el Presidente que es en 2,100.
Está hartamente comprobado que las carreras de clasificación representan un sacrificio innecesario para los equinos y deslucen la competencia.
Ya hemos tenido experiencias similares y en la mayoría de los casos el resultado no ha sido bueno para los tresañeros. Se han hundido cual Titanic.
Seguimos creyendo que las carreras de clasificación son más falsas que un billete de 9 dólares, pero lo que observamos el domingo nos parece un claro adelanto de lo que será el resultado del clásico el próximo 1 de junio. Capomorano, Smart Dna, Sun River Jet, Dicky's Angel y Dr. Moon están años luz por encima de los otros ocho caballos clasificados. Obviamente, que se pueden producir sorpresas porque en la hípica no hay nada escrito, pero más allá de los caprichos de la fortuna, las cartas parecen estar echadas.
Resulta imperativo pues, que se sienten las partes involucradas para llegar a acuerdos tendientes a realizar los ajustes permanentes para que no se repita esta situación. En líneas anteriores planteamos un par de posibilidades, pero en esencia nuestro parecer es que las carreras de clasificación pasen a ser parte de la historia de nuestra hípica.