
Estoy harto. Así que me he tomado la libertad de inmiscuirme en ésta columna ajena para poder hacer oír mi voz. He decidido escribir esta carta abierta para ver si logro hacer entender de una buena vez mi postura. Me gustaría que estas palabras se difundieran, que las leyeran los políticos, los telepredicadores y la gente común. Estoy harto, harto de que me culpen por sus errores, harto de que me echen la culpa de su codicia, de su lujuria y de su pereza. Estoy hasta mis angelicales narices de ser bueno solamente como cabeza de turco.
Ya va siendo hora de que cada palo aguante su vela, y que se den cuenta de que no es de muy hombres tratar de echarle las culpas a otro. Yo no fui, fue Teté. ¿En serio? Claman contra mí y tratan de sacarme a base de jerigonza e incienso de cuerpos a los que, en primer lugar, yo no hubiera entrado ni aunque me empujaran con todos los tridentes del Infierno al rojo blanco. Señores, por favor, que tengo mi dignidad. Pero yo los observo atentamente y me pregunto, ¿no se darán cuenta de que los que están equivocados son ellos? Ellos solitos se las apañan muy bien para cagarse en sus propias vidas. La mayor parte de las veces no necesitan ayuda de nadie. Pero cuando los pillan no pierden el tiempo en que mi nombre salga de sus labios acusándome de sus pecados.
Llevo siglos así y ya hasta me aburre la estulticia humana, pocos eventos me hacen despertar de mi acedía y que me salga azufre por las orejas. La historia se repite una y otra vez, me hacen responsable de cosas en las que nunca he metido mi pezuña. Algún descerebrado suelta una boutade y pone mi buen nombre en entredicho.
Alguno hasta tiene la desfachatez de ponerme por testigo de estupideces. Señores, en serio se creen ustedes que, teniendo tantas cosas que hacer a lo largo y ancho del mundo mundial, con las juntas directivas eternas que convoca el Jefe para ver si logramos enderezar esto (que se nos está yendo un pelín de las manos, y andamos viendo si podemos convencerlo de que otro diluvio no es una buena idea, que desde lo del Titanic los barcos han mejorado mucho); con todos los condenados que ya tengo a mi cargo (y los nuevos que llegan, que al tal Laszlo Csatari ya tenía ganas de ponerle las manos encima, anda que no me ha hecho esperar el hijo de mala madre ese...); con todas las cosas que tengo que hacer…¿ustedes creen que yo tengo tiempo de andar siendo testigo de las boludeces que suelta por su bocota un tarado?
Porque uno de los instrumentos más peligrosos, más que una pistola en manos de un chimpancé, es un micrófono delante de un imbécil. Se arrebatan y empiezan a desbarrar, si ya lo tengo dicho desde hace tiempo, que antes era mucho mejor, antiguamente tenían que arrear al populacho a espacios abiertos para gritar sus consignas y eso era complicado. Así siempre teníamos la capacidad de minimizar daños, una tormenta eléctrica, un granizo como Dios manda, con pedruscos como puños…Pero ahora, ahora antes de que nos demos cuenta ¡zás! Ya la soltaron. Y se repite, y se repite en las redes sociales hasta el hastío. Y a ver cómo controlamos daños.
Lo dicho, que yo no tengo absolutamente nada que ver con el tema, ¿vale? Que de las tonterías de tiros y revueltas de las que habla cierto individuo no soy testigo, ni quiero serlo. Diabolo dixit.