“El teatro es temblor y ortiga, pero es la emoción de mi vida” Iván García
Regresó a Panamá a visitar a su famiia y amigos. De paso montó una obra extraordinaria: Las mariposas son libres. El público panameño quedó impresionado por el moderno decorado, la iluminación, la actuación de los actores y la magistral dirección de Iván García. Nos dio a probar unas cucharadas de lo que había aprendido a cocinar en México.
Me acuerdo cuando se ganó la beca. Estudiaba en ese entonces con Anita Villalaz y trabajaba en la Zona del Canal con un buen sueldo. (Fue el primero de la pandilla en tener carro). Con todo y eso, aceptó la beca y se fue para el D.F. mexicano a estudiar y vivir con cien dólares. Y estudió y vivió con cien dólares. Y con esos cien dólares pudo descubrir y sacar a flote todo el talento histriónico que guardaba. Se graduó y se quedó allá mismo porque le ofrecieron trabajo.
Cuendo ya era Director del Teatro del Seguro Social, vino una vez más a su país. Fue entonces que le pidieron que se encargara de la Escuela de Teatro en Panamá. Tomando unos tragos quiso mi opinión: ¿Qué te parece, Neco, debo quemar la nave con que invadí a México y aventurarme en esta balandra que todavía está en la playa? No sé que decirte –le dije–. Todo dependerá de cuánto amor le tengas a tu profesión y a tu patria.
Y se quedó.
Iván García es el amigo más antiguo que tenía, mejor dicho, que tengo, porque lo consideraré mi amigo hasta el fin de mis días. Fue él quien compró un par de botellas de ron cuando gané un humilde tercer premio del Miró y ya me había soplado la plata (la mitad que me correspondía). Él salvó la celebración. No hubo momento importante de mi vida que no tuviera a ese entrañable amigo a mi lado: mi matrimonio, la muerte de mi hijo, fue él quien montó “¡Ay de los vencidos” por primera vez. Fui yo quien lo animó al matrimonio cuando conoció a Marusi. Recorrimos juntos playas y escenarios. Me leyó su obra de teatro y me escuchó el borrador de “Una bandera”, dándome consejos valiosos. El teatro consolidaba nuestra amistad.
Se arriesgó a llegar al Teatro Nacional manejando solo para acompañarme en la entrega de mis últimos premios.
Me siento más pobre sin Iván. Adiós. El Teatro panameño está de luto y de luto visto yo columna.