¿Cómo se explica que una selección panameña vaya a un torneo y no tengan claras las reglas de competencia?
¿A quién hay que señalar en este caso? ¿A los directivos de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) o al cuerpo técnico del equipo?
En mi opinión ambos tienen igual responsabilidad por el ridículo en el Premundial de Honduras 2015.
Y no digo que haber quedado eliminado deba ser catalogado como un ridículo, sino el desconocer el formato del torneo y sus criterios de clasificación, atizan más el asunto. Así no se vale. Las letras pequeñas también hay que leerlas.
Lo más triste es que se confundió a todo un país, a los propios jugadores que después del descalabro del lunes, ante Costa Rica, pensaban que aún existían opciones para avanzar al Mundial Sub-17 de Chile.
La Selección Sub-17 viajó al Premundial con un grupo de directivos, algunos con cargos de gran membrete como un jefe de delegación o un gerente de selección; estos señores serían los encargados de representar a Panamá en los temas administrativos del equipo en el torneo, pero ¿cómo podrían ejercer con esta función si, al parecer, ni siquiera estaban claros con las normas del certamen? Hay que ser más serios en estos temas, y si uno de estos elementos de pantalones largos no hace su tarea tomar cartas en el asunto. Esto nunca debió haber pasado, ahora que vergonzosamente sucedió está totalmente prohibido permitir que se repita.
Algunos de los puestos de directivos del fútbol nacional tienen nuevas caras, rostros jóvenes, y siempre me pregunté: ¿cómo se llega ahí?, ¿qué título hay que tener para ocupar un cargo como este?, ¿a quién habría que conocer? o ¿qué tipo de experiencia habría que tener? Justamente se demostró que hizo falta la malicia de un viejo zorro en estos asuntos.
Pero no solo los federativos tienen que ser señalados por lo ocurrido. El cuerpo técnico, encabezado por Juan Carlos Cubilla, también merece su parte.
Cubilla, a quien considero un caballero y una gran persona; un hombre de Dios como todos sabemos, pecó en esta ocasión. ‘Míster’, como siempre le digo, que no nos vuelva a pasar, porque quedamos mal los casi cuatro millones de panameños.