En el Kenny Serracín se vive como en pocos estadios el amor por el béisbol, sin embargo sus instalaciones no le hacen justicia a la pasión de su afición.
Durante la serie final del torneo mayor, por ejemplo, los fanáticos chiricanos tuvieron que sufrir los embates de la naturaleza. Por más de una hora debieron esperar, paraguas en mano, que la lluvia pasara, en puestos para nada cómodos y sin un techo que los amparara.
La situación en el terreno fue peor. El coliseo deportivo no cuenta con una lona, por lo que a falta de la misma fue necesario recurrir al viejo método de secar el terreno con gasolina.
El drenaje del terreno es inexistente, el agua se acumula por sectores, por lo que hay que usar recipientes para extraerla
En la parte interior del estadio, el agua también se acumula, a esto hay que sumarle que la iluminación no es la mejor, la grama necesita más cuidados, los dugouts de los equipos no son confortables y la prensa no cuenta con espacios adecuados para hacer su labor.
La situación descrita podría ser cuestión del pasado, si el gobierno cumple con la promesa que el presidente de la República, Juan Carlos Varela, le hizo a los campeones ayer en el Salón Amarillo.
El mandatario destacó que a través del Instituto Panameño de Deportes (Pandeportes) se hará la licitación para la remodelación completa del estadio Kenny Serracín, hogar del equipo chiricano.
En Chiriquí el béisbol es un sentimiento, un sentimiento que necesita un templo de altura en que cual cobijar sus más dignas emociones.


