El estudiante chileno Enrique Piracés llegó ayer a su nueva casa, con un saco para dormir y un computador portátil, nervioso pero sin miedo, para aislarse voluntariamente del mundo durante los próximos ocho meses y sobrevivir con la sola compañía de la red internet.
"Miedo no tengo: sé que todo está en la red", afirmó el estudiante de Periodismo, de 23 años, cuando los periodistas lo abordaron al entrar en su casa, arrendada para este experimento en el barrio de Providencia, al oriente de Santiago.
Durante los ocho meses que proyecta permanecer lejos del mundo "real" pero cerca del mundo "virtual", el único vínculo del cibernauta con el exterior será el cable que conecta su computador a una línea telefónica, para abrirle la mágica ventana de la carretera informática.
Desde la cama hasta los fósforos, todo tendrá que conseguirlo, mediante tarjetas de crédito, para equipar la casa, desprovista de todo mobiliario al momento de su arribo.
Piracés equipará la residencia, comerá, beberá, conversará, trabajará y estudiará exclusivamente a través de la Internet y de lo que la red mundial pueda ofrecerle, informó el diario electrónico Areanoticias, donde el estudiante presta sus servicios.
Como su reclusión culminará el 31 de diciembre, hasta los obsequios de Navidad los comprará por la red, según adelantó en sus últimas declaraciones "verbales", antes de cerrar la puerta.
Pero también recibirá visitas de amigos y amigas, celebrará fiestas y disfrutará de los entretenimientos que pueda encontrar en la web, mientras todos sus movimientos serán registrados y transmitidos a internet por 16 cámaras instaladas en toda la casa.
Hoy, su segunda jornada de aislamiento será intensa, porque tratará de amoblar su casa, empezando por la adquisición de otro computador, por si el primero sufre algún percance.