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Cierre de la conversación con Emma Gómez

Las clases con José Luis eran muy empíricas, él no tenía la mejor metodología, sino que demostraba su manera de hacer...


(Cuarta entrega)

Los maestros son importantes, los maestros que por el pénsum te son asignados, los que uno mismo busca y los que hacemos nuestros por su gran legado a la historia de la música. Háblanos de esos maestros.

Aquí en Filadelfia mi maestro de Composición, Maurice Wright, es una de las personas más brillantes que he conocido. Ahora somos amigos y él me sigue apoyando. El último año que viví en España lo pasé en Alcoy, un valle entre Alicante y Valencia, hasta allí fui a buscar al maestro de Guitarra José Luis González, que ya falleció.

Las clases con José Luis eran muy empíricas, él no tenía la mejor metodología para enseñar, sino que demostraba su manera de hacer, lo que a veces funcionaba y otras no, pero daba gusto escucharle tocar. A Alcoy venían muchos guitarristas profesionales de Japón a estudiar con José Luis González, con ellos aprendí sobre música y disciplina. Con otros maestros, como los cubanos Leo Brouwer y Manuel Barrueco, solo sería necesario escucharlos una vez porque cada vez repiten el mismo argumento, y con esto no quiero decir que lo que enseñan es simple, sino que son consistentes. A ambos los he seguido en sus clases maestras de Martinica, Córdoba y Baltimore.

¿Crees que la historia del aporte de los panameños a la música está ordenada, escrita o siquiera en proceso de hacerse?

Hasta ahora, la contribución más importante de la música panameña académica se centra en la producción del maestro Roque Cordero y aún no se ha escrito un libro sobre su obra. El compositor panameño de más renombre sigue siendo desconocido en su país. He dicho antes que para un panameño desconocer la música de Roque Cordero es equivalente a ignorar la poesía de Demetrio Herrera Sevillano.


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936184
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América