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Ciudad de las Artes sí, caparazón de la cultura no

Uno de los proyectos, quizás el más emblemático, de la actual gestión del Instituto Nacional de Cultura es la Ciudad de las Artes. Pero el tiempo se


Uno de los proyectos, quizás el más emblemático, de la actual gestión del Instituto Nacional de Cultura es la Ciudad de las Artes. Pero el tiempo se les vino encima y la iniciativa quedará en manos de quienes los sustituyan.

Ya sea que el anacrónico instituto trascienda a Secretaría o Ministerio, antes de seguir adelante con el proyecto no estaría de más repensarlo.

Y no nos referimos a evaluar si se construye o no. Eso no está en discusión, porque ya es tiempo de que las expresiones artísticas gocen de un punto de encuentro que les sea común y reviertan esa situación de nómadas que los mantiene sumidos en la condición lastimera. La cultura no puede seguir siendo un sujeto mostrenco.

Pero para que la Ciudad de las Artes funcione como ”núcleo central de desarrollo artístico”, como lo define la intención del proyecto, hay que estar claros en lo que se quiere; porque siempre es más fácil decirlo o escribirlo que hacerlo.

La Ciudad de las Artes debe ser un sitio vivo que sirva a los propósitos de entretenimiento, divulgación, interacción, comprensión y enseñanza, entre otros.

No se trata de edificar una mole de concentro y cristal en medio del bosque, sino de propiciar un espacio ideal que sirva para la participación y el debate sobre lo que somos y definir las aspiraciones que tenemos como país desde el punto de vista de las expresiones que nos identifican.

Que se concentren ahí las escuelas de artes plásticas, danzas, teatro y música, así como la orquesta sinfónica, el “ballet” nacional y la casa del escritor, entre otras facilidades, es una idea alentadora.

Pero no nos dejemos llevar por el apuro ni por la emoción, todavía estamos a tiempo de examinar y determinar prioridades.

Monumentos a la desidia abundan en todas partes del mundo, conceptos faraónicos que solo sirven de museo para ser vistos también los hay en demasía, por lo que nuestra Ciudad de las Artes debe tener en los artistas su corazón y en la gente la sangre que le dé vida.

Seguimos respaldando el proyecto, por ser justo y necesario, pero esperamos que no sea un traje nuevo para vestir los pecados de la avaricia, el sectarismo, la egolatría y la mezquindad.

Porque está comprobado hasta la saciedad que el hábito no hace al monje.


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930046
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América