En un documento firmado por el secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, se afirma que “el desarrollo económico y social conlleva un consecuente aumento de la demanda de generación eléctrica, lo que requiere que los países importadores verifiquen permanentemente sus opiniones y diversifiquen sus fuentes de suministro.”
Es por esa razón por lo que durante los últimos años –sobre todo, desde 1975 hasta el presente- se ha notado una incesante transformación de las bases legales y tecnológicas de las políticas para adecuar la capacidad local en cada uno de los países a las demandas de una sociedad en expansión. El Banco Interamericano de Desarrollo reconoce que la demanda de energía habrá aumentado en 76% para el 2030 y que por tal motivo se requerirá el incremento en la producción en un 144% para satisfacer las necesidades.
Una carrera por alcanzar la creciente demanda en países en desarrollo, presenta un constante desequilibrio por la incapacidad de reflejar una satisfacción de la oferta frente a las necesidades. Por esta razón, existe una tendencia que se propone una integración de las fuentes renovables para promover un desarrollo sustentable, frente a las desigualdades del mercado.
La tradicional dependencia del petróleo y fuentes fósiles plantea problemas que obligan a considerar esas formas renovables. La fluctuación de los precios del petróleo (con tendencias alcistas a índices inéditos), la durabilidad de este recurso y el impacto de su uso hacia el ambiente y los recursos naturales, obligan a la adopción de nuevas políticas y cambios radicales que se hacen impostergables, sobre todo en las comunidades pobres, que no comprenden el alcance de los cambios.
Susan McDade es la coordinadora residente del Sistema de las Naciones Unidas en Cuba. Ella es canadiense, economista, con una maestría en Políticas Económicas y Planificación por el Instituto de Estudios Económicos en La Haya, Holanda. Esta funcionaria dirigió el PNUD en China y es autora de varios estudios sobre el vínculo del desarrollo sostenible y el acceso a servicios energéticos.
Durante la celebración de la VI Convención Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo en La Habana, Mc Dade puntualizó que “para lograr el desarrollo sostenible es esencial enfrentar de otra manera el tema de la energía”; sobre todo en América Latina donde el consumo tiende a afectar los recursos naturales. Un ejemplo de ello es que el 40% de la población depende de la leña para producir calor.
Quisimos conversar con la representante del PNUD en Cuba para dar respuesta a una de sus inquietudes sobre cómo mantener el crecimiento sin llegar a un consumo energético similar al de los países desarrollados y a las modalidades que tiene el uso de las energías renovables y su papel en el desarrollo sostenible en los países de mayor pobreza.
Día D: ¿Qué papel desempeña la energía en el debate internacional actual?
SM: Energía es uno de los temas quizás más debatidos, pero menos entendido en el ámbito internacional. El debate en esta esfera se ha circunscrito únicamente al tema de electricidad y energía renovable o no renovable; pero para los países en vías de desarrollo, todo lo que tiene que ver con calor, cocción y poder mecánico, es igual de importante y a veces, eso no tiene que ver con electricidad, pero sí con combustible.
Día D: ¿Cómo se integró el tema de la energía en su vida profesional?-
SM: Yo he estado trabajando con el PNUD en la mayoría de mi carrera y trabajé cuatro años en China, que es uno de los países obviamente más grandes del mundo y que tiene amplios retos energéticos.
Estuve encargada allá del programa energía y medio ambiente del PNUD. En China, el gran problema que tiene el país es que la fuente de energía principal es a través del carbón mineral y que se tiene en abundancia; es relativamente barato, pero bastante sucio, no solamente para el ambiente internacional, sino para los mismos chinos.
Uno de nuestros programas fue cómo usar ese carbón de la forma más eficiente y más limpia para ayudar a que China pudiera seguir creciendo, pero con menos impacto en el entorno local y el internacional y en esto, ese país ha ido adelante con mucha inversión a través del presupuesto nacional en la eficiencia en el uso de la energía y en la inversión en los sistemas de tecnología de carbón limpio.
Día D- Si usted menciona esto, quisiéramos saber ¿cuál es la diferencia en la relación energía – desarrollo sostenible que se presenta en países desarrollados y la que existe en los países en desarrollo?
SM-En muchos de los países industrializados, cuando se habla de energía sostenible, se refieren a energía renovable. Esta energía tanto en paneles solares, eólica, hidroenergía, tiene también costos ambientales. La diferencia es que a largo plazo, tiene menos costos ambientales que los insumos fósiles. Pero en el enfoque de desarrollo sostenible, eso implica menos costo económico, menos impacto social y menos daño ambiental.
Entonces, no se puede evaluar tecnología basado solamente en lo ambiental. Las fuentes de energía si no superan los retos sociales, no van a resolver el tema. Entonces, por ejemplo, los paneles solares pueden ser excelentes para brindar servicios de luz o consumo eléctrico de menor cuantía; pero es imposible cocinar con paneles solares.
La cantidad de electricidad que da un panel solar, nunca va a dar suficiente calor para cocinar y lo que me han dicho amigos africanos es que “los pobres no pueden comer luz; los pobres necesitan cocinar, hervir agua; necesitan las condiciones básicas.” Entonces faltan en los países en vías de desarrollo, respuestas adecuadas sobre el uso de energía renovable para enfrentar temas como por ejemplo la cocción.
Día D-¿Cómo estabilizar entonces el consumo energético en los países en desarrollo que no implique el agotamiento de los recursos naturales, por ejemplo, la depredación de manglares para la producción de leña, carbón y otros usos comunitarios; así como otro tipo de recursos que por lo general se acaban en las áreas más pobres?-
SM: Es que requiere un diálogo del sector público bastante amplio con muchos sectores. El Ministerio de Energía en ningún país puede resolver el problema solo; porque los ministerios de Agricultura, Transporte, Educación, Salud y otros, tienen un papel muy importante en tener un diálogo multisectorial y, por ejemplo, en el uso de recursos locales, los pobres son racionales, ellos usan aquello a lo que tienen acceso. Si no hay otra alternativa accesible, disponible y de menos costo, ellos van a seguir usando recursos en una forma no sostenible, no porque están en contra del medio ambiente, sino porque no tienen opciones.
Es el papel del Estado en conjunto con inversionistas para buscar cómo dar opciones accesibles a estas poblaciones que son pobres o que viven en áreas rurales; por ejemplo, el gas LP que es una opción limpia, si no llega a las áreas rurales, ¿cómo van a cocinar con gas eléctrico?
Día D: ¿Cómo valora usted la sostenibilidad en el consumo actual de energías alternativas en los países en desarrollo?
SM: En términos de biomasa, los países en vías de desarrollo son los que están consumiendo mayor cantidad. El problema es que parte de esta biomasa está siendo utilizada de una manera no sostenible. La hidroenergía también tiene sus problemas, pero hay opciones de plantas minihidroeléctricas que son mucho más sostenibles y factibles de una forma de inversión económica. Esto, obviamente depende de tener los recursos hídricos para desarrollar dicha opción.
Pero uno de los retos principales y parte de la respuesta no es solamente las fuentes de energía, sino la tecnología de convertir estos insumos a servicios energéticos que son baratos y accesibles a la población.
La tecnología limpia o más sostenible, normalmente no llega sola al mercado; eso necesita políticas públicas y que el gobierno establezca las condiciones del mercado para que la energía y tecnología más limpias puedan desarrollarse y así la definición del mercado ayuda a bajar los precios para los consumidores últimos.
Día D-Quisiera mencionarle un caso específico de tecnología para convertir recursos en energía eléctrica y es aquella basada en la transformación del estiércol en metano a partir del biodigestor.* ¿Puede generalizarse esta forma de producción energética en los países en desarrollo?
SM: Este tipo de tecnología se ha estado desarrollando ahora, hace más de veinte años y depende mucho de la capacidad técnica en el área rural de dar apoyo y seguimiento a los biodigestores. La tecnología en sí no es tan difícil y es factible si hay insumos de los desechos de los animales en suficiente cantidad y si no está robando del ciclo de nitrógeno del sector agrícola.
Muchos de estos sistemas no han funcionado cuando se ha dejado y no se tiene la capacidad técnica de mantener el sistema, repararlo y dar seguimiento para evitar que el sistema se interrumpa o deje de marchar. Depende mucho de mezclar la energía con la capacidad humana adecuada; asegurar que hay seguimiento para mantener el sistema. Pero, en muchos países es una opción bastante factible si la oferta de residuos es suficiente.
Día D: Con relación al establecimiento de políticas, ¿cuáles son los aspectos más importantes que se deben considerar para la adopción de una política energética en países en desarrollo?
SM: Los países que han tenido más éxito en esto son aquellos que han establecido grupos intersectoriales o grupos ministeriales para tener un debate sobre energía. Porque esta discusión se amplía mucho más y la perspectiva en tiempo, es más larga.
A veces, por necesidad, los gobiernos deben tomar decisiones de resolver problemas de muy corto plazo; pero los planes de desarrollo tienen que contar con información explícita sobre el uso de energía con la perspectiva multisectorial.
Día D: ¿Cuál es el balance que hace usted sobre el nivel de avance de los objetivos de desarrollo del milenio en la relación energía – desarrollo sostenible en los países en desarrollo?
SM: En América Latina hay mucho progreso, especialmente en el campo de electrificación. En cuanto a cocción, todavía hay muchos retos en esta región.Hay una alta proporción con estimaciones de hasta 40% y todavía depende del combustible tradicional.
El tema de la cocción y calor, en el sentido más amplio, es todavía una ardua tarea porque la lucha contra el hambre, la participación de niños en la escuela y lo sanitario en el sector médico, eso no se puede superar si no hay más esfuerzos en relación con el tema del combustible y la generación de calor.
Día D-¿Qué puede esperarse de la relación energía – desarrollo para América Latina?
SM: En América Latina, uno de los retos es cómo desarrollar un porcentaje más alto de energía renovable. América Latina tiene muchos recursos hídricos en omparación a otras regiones y sí se han desarrollado.
A veces, el debate ha sido sobre la sostenibilidad cuando son represas muy grandes porque hay una falta de sostenibilidad social, más que todo cuando la inversión implica mover mucha gente.
América Latina tiene buenas oportunidades en recursos eólicos y también en energía solar, pero lo crucial es cómo hacer la tecnología más barata. La tecnología va a hacerse más barata si se compra más; entonces, la acción colectiva de los países de América Latina es muy importante en este aspecto.
Día D-Hay una gran política de Estado y existen políticas de comunidades. ¿Cómo lograr que el individuo, la familia y los grupos comunitarios sean conscientes de que viven problemas energéticos relacionados con su calidad de vida, se vinculen conscientemente con estas circunstancias en función de su propio futuro?
SM: A nivel del hogar, una familia sí es capaz de tomar decisiones sobre el uso más eficiente de energía. Obviamente, una familia no puede decidir de dónde viene la electricidad que ella consume; pero sí puede decidir qué tipo de consumo de máquinas va a tener en casa, el tipo de consumo de electricidad; si van a tener la televisión encendida veinticuatro horas en la casa o van a limitarse.
También, sobre qué tipo de bombillos de luz van a utilizar y qué tipo de señales van a dar a los niños en términos de uso de energía.
La energía es algo precioso, que es costoso, que tiene un impacto a nivel local y ambiental y también la ciudad puede poner presión sobre su gobierno de incluir los aspectos energéticos y ambientales en los planes y políticas nacionales.
(*) De acuerdo con Wikipedia, un digestor de desechos orgánicos o biodigestor es, en su forma más simple, un contenedor cerrado, hermético e impermeable (llamado reactor), dentro del cual se deposita el material orgánico a fermentar (excrementos animales y humanos, desechos vegetales y otros) en determinada dilución de agua para que se descomponga, produciendo gas metano y fertilizantes orgánicos ricos en nitrógeno, fósforo y potasio.