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Comparaciones odiosas

Hay gente cuyo presupuesto analítico es tan escuálido que cada vez que puede empuña el argumento de que los libros están caros, como excusa para no


Hay gente cuyo presupuesto analítico es tan escuálido que cada vez que puede empuña el argumento de que los libros están caros, como excusa para no leer. Cuando escucho esa media verdad, suelo preguntar con qué se están comparando los precios.

Y la interrogante viene al caso porque si se le coteja con el precio de un paquete de cigarrillos, un cubetazo de cervezas o con el precio de un combo de comida chatarra, claro que parecerá más caro. Pero si tiramos el barómetro en otra dirección, nos encontraremos con que desde el punto del vista del costo-beneficio, un libro es muchísimo más barato que la mayoría de los conciertos de internacionales que se llenan a cada rato, como también cuesta mucho menos que una camiseta del Real Madrid o el Barcelona o que unas zapatillas de marca famosa.

Como habrán visto, no se trata de hacer comparaciones, puesto que estas siempre resultarán odiosas. Si obviamos el tema financiero, la decisión de adquirir un libro o distraerse con otro entretenimiento tiene que ver más con los gustos y las costumbres de cada cual, que con la plata.

En el mercado se pueden adquirir libros desde un dólar en adelante. Incluso, para que un libro sea útil no necesariamente tiene que ser nuevo, por lo que las opciones de trueque o comprarlos usados son viables.

No pretendemos criticar a quienes gastan su dinero en otras opciones de goce que se les ofrece y que les causan placer, porque sabemos que dentro de los amantes de las cervezas, el cigarrillo, los conciertos y las franelas de los equipos, hay mucha gente que les mete a los libros y reconoce el valor imperecedero de estos.

A lo que nos resistimos es a que se esgriman argumentos baladíes, como es el precio, para justificar el distanciamiento de las librerías. Quien no compra al menos un libro al año es porque no tiene interés, no reconoce el valor de estos y porque no está en sus hábitos usar esta valiosa herramienta para entretenerse, aprender y conocer mundos que quizá crea inexistentes.

Sale más caro no aprovechar el caudal de conocimientos que hay en cada libro —por más malo que sea— que el precio que se pueda pagar por él. Así que si usted es de los que dice que no lee y no compra libros porque están muy caros, deseche ese argumento porque lo único que demuestra es su pobre criterio al momento que debe escoger entre lo que le servirá para el resto de sus días y lo que es pan para hoy y hambre para mañana.


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946518
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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