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Compromisos y coartadas del arte


A finales de los años 50 y principios de los 60 del siglo pasado, cuando yo empezaba a escribir (y por supuesto muchos años antes) el papel de la literatura y de los escritores, y de los intelectuales en general, se debatía apasionadamente. Uno de los títulos más comunes de libros, artículos y ensayos era: ¿Qué es la literatura? Y para responder a esa pregunta titular se derramaban a galones de tinta en el mundo entero. Recuerdo apellidos como Sastre, Plejanov, Lefebre, Lukaks, Gramsci, De La Volpe, Mariátegui, Paz y muchos otros. Nosotros, en nuestra pequeña aldea, reciclábamos ese debate, enardecidos y entusiastas. Hoy, desgraciadamente, nadie o pocos se hacen esa pregunta. Y no se la hacen porque, en el fondo, todo el mundo cree que lo sabe. Y por creer que lo saben, pocos saben lo que es realmente la literatura.
La generación a la que pertenezco, particularmente, vinculaba la literatura al compromiso social, sostenía, apegada a los modelos europeos en boga, desde aquel entonces globalizados por la bipolaridad ideológica, y también por experiencia propia, la indisoluble relación entre la actividad creadora y la vida; entre una manera de subordinarse a ordenes extra continentales y domésticos y la manera de confrontarlos. Entre la manea de aceptar el Mundo tal y como estaba hecho y la manera de luchar para cambiarlo.
Era inimaginable separaba nuestra obra de la idea de cambiar la relación de injusticia entre los seres humanos. La generación de la que hablo, hace poco más de 40 años-unidad la palabra a la acción- se involucro activamente en las jornadas del 9 de enero. Esa fecha da inicio a la última fase de la lucha de los panameños por unificar el territorio y perfeccionar la independencia nacional.
Otras corrientes, contemporáneas a la nuestra, que no se identifican con nuestra generación a pesas de vivir en mismo tiempo cronológico, postulaban la independencia del arte y la literatura respecto de las ideologías y los compromisos políticos.
Según nuestro punto de vista, y lo demostramos en muchas ocasiones, éste era un subterfugio (despojar el arte de los compromisos sociales y políticos) que en ele fondo entrañaba una postura ideológica, y permitía a los llamados arte puristas de aquel entonces, y probablemente de hoy, en otro contexto, gozar de cierto grado de credibilidad (y también de impunidad) puesto que la premisa utilizada como soporte de sus conclusiones - el arte tiene valores estéticos intrínsecos (decían o dicen) - no podría ni puede ser objetada. Y esa verdad les permitía "pasar agachados" frente al sistema mundial de los despojos.
El supuesto arte desideologizado era ayer, como también lo es hoy, un arte comprometido con el sistema, no porque no lo cuestiones o se asuma en nombre de la pureza estética, que esa es ya una etapa superada, sino porque el artista lo utiliza como coartada.
Superada la vieja discusión sobre los contenidos figurativos o abstractos, en el caso de las artes visuales; realistas o puristas, en el caso de la literatura, la cuestión ahora nada tiene que ver con los estilos y tendencias de la obra ejecutada sino con la postura personal del artista respecto al destino de la humanidad. En otras palabras, el escritor puede escribir hoy como le dé la gana, pero será cuestionado en tanto defienda o no las causas justas de la humanidad, o como José Martí, eche o no eche "la suerte con los pobres de la Tierra".
¿Por qué traigo a colación el tema en un momento como éste? ¿Acaso el tema es irrelevante al desaparecer, supuestamente, el mundo bipolar? ¿Acaso es cierto que estas generación vive el final de la historia y de las ideologías?
En primer lugar, el mundo bipolar no ha desaparecido ni desaparecerá en el futuro inmediato. Simplemente cambia de forma y nomenclatura. Es así como se comporta la dialéctica. Pero, el bipolarismo ahora es mucho más claro que antes: es Norte-Sur. Es: países ricos-países pobres. Es desarrollo-subdesarrollo. Es TLC, tratados bilaterales, transnacionalización de los servicios públicos.
Por supuesto, el arte tiene calores estéticos intrínsecos y cada artista tiene derecho, . Como en la sexualidad, como en la religiosidad, como en las diversas bifurcaciones liberales sistemáticas empotradas en el Tercer Mundo, de escoger sus preferencias. Pero esas libertades propias del desarrollo humano, de los entornos de supervivencia, de los subsistemas de la periferia subordinada, dialécticamente explicables y comprensibles, en la actual coyuntura no pueden desvincularse de una conmoción responsable respecto al destino coyuntural y final de la humanidad. Y respecto al país en el cual se vive.
El mundo es arrastrado en forma acelerada a una nueva Edad Media. Será corta, sin dudad. No durará quince siglos. Pero su nivel de crueldad extrema en nada envidiará a las precedentes. Es el pan nuestro de cada día. Guerras en las cuales no mueren los soldados sino los niños, los ancianos, las mujeres. Exterminio masivo, holocaustos enmascarados, hambrunas magnificadas: de todo esos somos testigos mudos, impotentes, descalificados y cómplices.
De alguna manera el libro Condición humana y guerra infinita- con el cual obtuve el Premio de Ensayo este año - se asoma tangencialmente a este tema y recupera, 40 años después, en otro contexto, el compromiso de mi generación con la humanidad. Como quien dice, volvemos a las andadas.
Y mi mensaje es para los jóvenes escritores. No se dejen embaucar por los dulces cantos de sirena del sistema. El mundo será tan bueno como ustedes ayuden a construirlo. La nuevas generaciones tiene la ventaja de que el movimiento pendular de la historia es cada vez más vertiginoso y las épocas no se miden en decenas de siglos sino en decenas de años. Pero la duración de esos períodos oscuros de la historia, como éste, en el cual nos encontramos ahora, también dependerá del esfuerzo mancomunado de los sectores más lúcidos de la sociedad para acortarlos.
Los jóvenes no deben olvidar que la literatura, es un poder de critica cambio social. Y los poetas, y los escritores, y los artistas han sido siempre, en las horas oscuras de la humanidad, visionarios de esta larga carrera de relevos conocida como la utopía humana.
Y los jóvenes no deben perder jamás la opción de cambiar el mundo.
(* Discurso del autor, ganador del premio de Ensayo, durante la ceremonia de entrega de los premios Ricardo Miró 2004, en el Teatro Nacional el 22 de octubre de 2004.)
(viii) El rendimiento financiero de la reserva ha sido flexibilizado sin ser riesgoso, basado en la Ley del FFD enmendada en el año 2001 y en el SIACAP, procurando mayores rendimientos similares a los fondos privados de pensiones.
La propuesta no ha privatizado la CSS, como abogaban algunos y alegaban (que eran las intenciones) otros y, además, es consecuente con los pronunciamientos del hoy Presidente, realizados desde el período de la campaña electoral en el año 2003.
Lo que sí se ha hecho es cerrar los agujeros para la evasión y se ha fortalecido la solidaridad, tanto intergeneracional como intrageneracional.
Ahora es cuando, ordenemos la casa. Asegura tu Caja!


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192143
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América