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Con la fuerzade mil ‘leones’

Alfredo ‘Nervios de acero’ Stephens deberían empezar a llamarle al delantero placino, que ha demostrado tener sangre fría en los momentos más determinantes... Es un ariete bendecido, con ángel.


El Plaza Amador estaba traicionando su estilo o su rival, el Chorrillo FC, le estaba obligando a hacerlo. En la segunda mitad, los “leones” ya no tocaban la pelota a ras de suelo como acostumbran. Se había perdido la paciencia.

El Plaza no entraba en partido en el segundo acto. Tal era el desconcierto que su propia afición trató de levantar al equipo con un canto crítico: “¡Plaza, deja la cue... Plaza, deja la cue...!”, le entonaban.

 

Mike Stump, técnico de los “leones”, ya había puesto sobre el terreno a dos de sus mejores hombres que habían comenzado en el banquillo: Alfredo Stephens y Sergio Ortega. Ambos veloces, guerreros, peligrosos por banda. Pero el cómo se estaba desarrollando el duelo, con más lucha que fútbol, no les beneficiaba a ninguno de los dos.

Pasaban los minutos y las ocasiones de gol no llegaban para el conjunto local, en este partido de ida de las semifinales del Torneo Clausura 2014 de la Liga Panameña de Fútbol (LPF).

 

Las opciones de ganar del Plaza Amador ya no pasaban tanto por su fútbol. Necesitaban una jugada heroica, de algún valiente con nervios de acero, al que si le quedaba una pelota en el área, la depositara en la red.

Dentro del campo, Stump tenía a uno que conoce de este negocio: Stephens. El atacante, con dorsal número 13, ya se había probado esta temporada en una situación similar. Fue en la ronda regular contra el Alianza. Casi en la última jugada del encuentro, se decidió entrar al área rival, perforar las redes y darle el triunfo a los suyos.

 

La noche del martes volvió a ser su momento, el momento de un chico que parece estar bendecido, que vive para estos instantes de gloria.

La jugada la inició Juan Ramón Solís, eludiendo a un defensor; luego cedió a la banda para Julio Castillo. El paraguayo tomó el esférico, no se precipitó y envió un centro por el piso. Fue cuando apareció Stephens, quien se movió más rápido que nadie, llegó a tiempo a la cita y solo tuvo que acariciar la redonda, cambiarle la trayectoria, para vencer al meta chorrillero Júnior Torres y sellar la victoria.

 

Salió corriendo hacia la las gradas, a celebrar con su gente, tras haber gritado el gol con el alma. Besó el tatuaje de su brazo izquierdo, en honor a su madre, como suele hacerlo.

El Plaza necesitaba una estrella, una lumbrera que iluminara la que estaba siendo una noche oscura para el pueblo y su equipo. Afortunadamente para ellos, Stephens, el chico con ángel, juega en ese club.


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926517
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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