Nos jugábamos el todo o nada, y nos quedamos con casi nada. La Selección Sub-23 de Panamá empató ante Trinidad y Tobago y quedó al borde de la eliminación del torneo Preolímpico y, por ende, de los Juegos Olímpicos de Londres.
Un empate con más sabor a derrota que otra cosa. Un resultado que alimenta más la incredulidad de aquellos escépticos que no se atreven a formar parte de la “Marea Roja” por decepciones como esta.
Matemáticamente no estamos fuera, pero es como si lo estuviésemos, ya que dependemos de que Honduras pierda ante los trinitenses y, posterior a eso, vencer a México. La misma historia de siempre.
Hoy, siento que la selección ha jugado con mi ilusión. Con la ilusión de un país. Y es que caer está permitido, pero no de la manera en que se han producido los reveses. Dos garrafales fallos de Luis Mejía y una desconcentración en el último minuto de un partido que se tenía ganado, no se pueden permitir.
No dudo que cada uno de los jugadores haya dado su mayor esfuerzo, pero a la hora de vestir la camiseta nacional, eso no siempre basta.
Quisiera seguir soñando que llegaremos a Londres, como días atrás lo plantee a través de este espacio, pero no puedo; ya no siento la confianza que tenía antes en este grupo. Les ha faltado mucha actitud y eso no se puede pasar por alto.