Sin la espectacularidad del primer partido ante el belga Christophe Rochus, pero con tranquilidad, el español Rafael Nadal, número uno del mundo, superó al croata Roko Karanusic, 92, por 6-2, 6-3 y 6-2, y se colocó en la tercera ronda del Abierto de Australia.
Nadal sigue sin sufrir en los primeros compases del primer Grand Slam de la temporada. Parece como si su nombre atemorizase a los rivales que le salen al paso y éstos claudicaran desde el inicio. Rochus le aguantó 77 minutos, y el talentoso e imprevisible Karanusic veinte minutos más. Dos pruebas que no han servido aún para comprobar el actual estado de forma de Nadal.
Karanusic salió a la pista como si el partido fuera una fiesta. Sin tensión, jugando sin ritmo, durmiendo la bola la mayoría de las veces, y enviando en otras auténticos misiles que desconcertaron a Nadal.
Su estilo de juego, tan propio como inusual, le pueden dar resultados en otras instancias, como los challengers de Belgrado y Kolding (Dinamarca) que ganó el año pasado, pero no en un Grand Slam y menos ante un jugador cuya regularidad le ha llevado a lo más alto.
Sin haber ganado jamás ni a un jugador situado entre los diez primeros del mundo, ni a un zurdo, el croata lo tenía difícil. A pesar de que había dicho que se consideraba mejor física y mentalmente que Nadal, ante el que sólo cedía en la técnica. Si a eso se suma que se trataba de su primer enfrentamiento contra un número uno del mundo.