El 20 de julio de 1944 un pequeño grupo de intrépidos oficiales del ejército alemán plantó una bomba en el cuartel general del canciller Adolfo Hitler en las cercanías de Berlín. El tirano nazi se salvo y los conspiradores fueron rápidamente identificados, vejados y aniquilados en un triste episodio que con el pasar del tiempo ha quedado en el olvido.
Sin embargo para algunos de los sobrevivientes de los que lucharon contra el nazismo aún en la propia Alemania, los condenados aún son conmemorados y honrados como "los héroes que pusieron su vida en juego para lograr la renovación y reconstrucción de su patria".
La voz más sonante en esta lucha por mantener presente la memoria del teniente Claus Schenk von Stauffenberg y Helmuth James, conde von Moltke, es la eminente directora del semanario político "Die Zeit" de Hamburgo, Marion, Condesa de Doenhoff.
La condesa Doenhoff, que hoy cuenta con 92 años y continua publicando columnas políticas y memorias personales casi cada semana, fue quien por primera vez homenajeó a los mártires del atentado en una carta que envió el 20 de julio de 1945 a 300 familiares de las víctimas ejecutadas tras el atentado.
Esta carta, que ayer fue reproducida en "Die Zeit" mantiene que el 20 de julio de 1944 debe quedar en la historia como "el solo día en que con un golpe mortífero quedaron destruidas todas las esperanzas de poder retomar un país digno y con un espíritu renovado".
LA HISTORIA NO SOLO DEBE REFLEJAR LOS EXITOS
Una frase que resalta por su valor trascendental es: "Estos hombres ejemplares dieron su vida no como traidores al servicio de los lupanares europeos, como lo definió Adolfo Hitler, sino pera la restauración de del honor y la dignidad de su pueblo.
"Porque para la historia no sólo deben contar los éxitos, sino también el espíritu que anima la acción de los individuos". En su épica carta, Marion Doenhoff, que después de la guerra se convirtió en una de las principales figuras del mundo cultural de Alemania que promovió el acercamiento con los intelectuales y periodistas de Estados Unidos, traza la historia, poco conocida en el exterior, de la resistencia contra el nazismo dentro de una sociedad totalitaria donde todos eran observados, tratados como sospechosos y muchas veces ejecutados.
La escritora recuerda que los primeros brotes de oposición ya en 1938, cinco años después de que Hitler asumió el poder como canciller, provinieron del Estado Mayor de la Wehrmacht, el ejército alemán, en las figuras del ministro de Defensa Werner von Blomberg y el jefe del Ejército, General Werner von Fritsch. Por cierto ambos fueron rápidamente destituidos como parte de una purga efectuada por los jefes del partido nazi que plantaron a su propia gente en el Estado Mayor.
Doenhoff, ya en su carta de 1945 pudo confirmar que el atentado contra Hitler no se pudo haber realizado sin la participación o por lo menos la complicidad del servicio de inteligencia del Estado, la Abwehr, que estaba bajo el mando del Almirante Wilhelm. Canaris, quien después de la guerra colaboró directamente con la OSS, el servicio