Los mandatarios de América Latina, España y Portugal harán oír otra vez su voz contra el embargo estadounidense contra Cuba y a favor del pluralismo político, según un borrador de la declaración final de la Cumbre Iberoamericana de La Habana.
El documento de 12 puntos, al que tuvo acceso Reuters, fue consensuado por las delegaciones y será sometido al estudio de coordinadores y cancilleres antes de ser ratificado por los mandatarios el 16 de noviembre, por lo que aún puede ser modificado. Cinco presidentes -de Argentina, Chile, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua- no asistirán a la cita, bien para expresar su rechazo contra España por el caso del ex dictador chileno Augusto Pinochet o por diferencias políticas con Cuba.
La condena de las sanciones económicas de Estados Unidos, que comenzaron poco después de la revolución cubana de 1959, agradará al presidente Fidel Castro, anfitrión por primera vez de una cumbre iberoamericana.
"Reiteramos nuestro firme rechazo de todas las medidas de carácter unilateral y con efecto extraterritorial que son contrarias al Derecho Internacional y a las reglas del libre comercio comúnmente aceptadas", afirma el punto tres del borrador de la declaración.
"En este contexto reiteramos una vez más nuestra exhortación al gobierno de Estados Unidos de América a que ponga fin a la aplicación de la ley Helms-Burton", añade.
Esa ley de 1996 busca fortalecer el embargo contra la isla, exhortando a sanciones para las compañías extranjeras que se establezcan en propiedades estadounidenses expropiadas por la revolución.
Pero en la declaración final los mandatarios también se pronunciarían específicamente a favor del pluralismo político y la democracia, un tema posiblemente más delicado para Cuba, gobernada por el sistema unipartidista de Fidel Castro.
"En esta Cumbre reiteramos el compromiso de fortalecer las instituciones democráticas, el pluralismo político, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales", dice el borrador.
La disidencia interna y los críticos de Castro en el extranjero señalan que es hipócrita que el líder cubano de 73 años, al que acusan de encabezar una dictadura que oprime la libertad de expresión, firme una declaración similar.
Pero La Habana argumenta que su estructura política es más "democrática" que el modelo occidental porque permite el debate y la diversidad de opiniones dentro de la estructura del gobernante Partido Comunista. Y defiende que el sistema cubano no está contaminado por la alta abstención electoral ni por la necesidad de financiación de los candidatos políticos. El documento también incluye el compromiso de respetar la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, lo que podría ser visto como una reprimenda implícita a España por los intentos del juez Baltasar Garzón de enjuiciar a Pinochet y a la cúpula de la pasada dictadura militar argentina.
El resto del proyecto de declaración se concentra en el tema de la reunión: "Iberoamérica y la situación financiera internacional en una economía globalizada".
El documento reconoce las oportunidades ofrecidas por la globalización, pero advierte de los peligros de los capitales volátiles, exige una regulación internacional más estricta y una reducción de la brecha entre ricos y pobres, y hace un llamamiento a favor de mayor justicia social.
"Nos comprometemos a participar activamente en el diseño de una nueva arquitectura financiera internacional que permita a nuestros países obtener los beneficios de la integración de los mercados de capitales y reducir sus riesgos", afirma.
Diplomáticos que vieron el borrador de la Declaración de La Habana coincidieron en señalar que no contiene ninguna sorpresa.
Cuba, que alberga el acontecimiento internacional más importante desde la visita del papa Juan Pablo II en enero de 1998, denunció la semana pasada un intento de la disidencia interna, auspiciada por Washington, de "sabotear" la cumbre.