A los estudiantes de secundaria y de universidad pareciera no importarles quién es Don Quijote. Tienen otras prioridades. Otros asuntos en qué pensar, en qué gastar neuronas y focalizar su atención. Leer tampoco es algo que esté en sitio preferencial en su agenda. Esa fue la idea que nos quedó luego de que al preguntarles a alrededor de 40 jóvenes si conocían de quién era el busto que estaba al lado de la mesa principal en una actividad en la Semana del Libro en la Biblioteca Nacional y sólo tres lo identificaron correctamente.
Un busto negro del "caballero de la triste figura", del personaje central de la obra que inmortalizó a Don Miguel de Cervantes Saavedra, el famoso "Manco de Lepanto", era testigo mudo de cómo se reunían dos generaciones, una devota de la lectura y la otra donde muchos de sus representante se le cierran la puerta al libro impreso para apostar por otras formas de comunicación.
Entre los entrevistados había estudiantes del José Antonio Remón Cantera, del Colegio Profesional Isabel Herrera Obaldía, Instituto Bolívar, Instituto Nacional y ULACIT.
"No sé" fue la respuesta que más abundó. Pero, también hubo quienes confundieron a Don Quijote con Guillermo Andreve, Ricardo Ríos, Ricardo Miró, Vasco Núñez de Balboa, Miguel de Cervantes Saavedra. Hubo uno, de ULACIT, que sencillamente dijo: "Yo no conozco a ese man".
Se reían de su ignorancia. Igual sucedió con los libros, o son muy hábiles para apretar "delete" en su memoria a corto plazo o no leen o no asimilan. O las tres cosas.
El asunto es que les preguntamos cuando fue la última vez que habían leído y se quedaban tratando de buscar ideas no sé de dónde. Luego se reían y no decían nada (la mayoría), luego hablaremos de las excepciones.
Preguntarles cuál fue el último libro que leyeron o el que más les ha gustado no dio mejores resultados.
Y algunos de los que no sabían el nombre del libro, pero sí sabían que en un momento dado habían leído alguno, tampoco fueron capaces de mencionar personajes ni autor y mucho menos hablar de la trama o hacer una síntesis.
También confundían autores panameños con extranjeros.
Cinco afirmaron que el Español no les gusta.
Olvidaba decir que no saben qué es un busto, cuando decíamos estatua refiriéndonos al busto decían ¡Ah!, esa ¡, o se veía como que se les iluminaba el rostro.
"Al César lo del César", así que hay que felicitar a Dora Luz Fernández, Paolo Alarcón, el institutor Isidro Rodríguez y Oriel Barrios, quienes se han leído obras de Grabriel García Márquez y Carlos Caughtemoc y también "Electra", "Edipo Rey".
Isidro nos dijo que se leyó varias veces El Quijote. "Es divertido. Tenía mucha imaginación". ¿Y eso es bueno o malo?, le preguntamos. "Depende, si es muy excesiva puede ser peligroso, por eso él tuvo varios percances, como del de los molinos de viento que confundió con gigantes".
En la tertulia que tuvieron el lunes en la mañana en la Biblioteca Nacional con media decena de autores panameños, entre ellos Rose Marie Tapia, Ernesto "Neco" Endara, Tristán Solarte (Guillermo Sánchez Borbón) y Ricardo Ríos, algo tienen que haber aprendido sobre literatura, el uso de la palabra, la generación de ideas, la chispa que inspira al autor a escribir sobre un tema o titular su obra en "X" forma, también sobre las maravillas de la lectura.
Si se animan a tomar un libro ya es bas tante. Que lo entiendan o no, es harina de otro costal.
Para los docentes de Español
1. Formar círculos de lectura con sus alumnos de Español.
2. Que los estudiantes escojan los que van a leer
3. Que los estudiantes inviten al escritor a un conversatorio
4. Involucrar a los padres de familia con las lecturas de su hijos
5. Dramatizar las lecturas donde los estudiantes sean parte de elenco.