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Consecuencias de estar distraído

Seguramente me habrán robado varias veces, pero solo recuerdo haberme dado cuenta en dos ocasiones. En ambos casos lo hicieron mientras estaba de espaldas; se aprovecharon de


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Seguramente me habrán robado varias veces, pero solo recuerdo haberme dado cuenta en dos ocasiones. En ambos casos lo hicieron mientras estaba de espaldas; se aprovecharon de mi descuido.

Un día cuando todavía mi edad, mi estatura y mi malicia no alcanzaban para mucho, fui víctima del primer atraco que registra mi memoria. Me encontraba de pie en una abarrotería esperando que el poco de gente que estaba enfrente me permitiera llegar hasta el mostrador para hacer oír mi voz y pedir lo que deseaba. Mientras lo hacía, mantenía mis manos en la parte posterior de mi diminuta humanidad y con un billete de a dólar extendido cuan largo es.

Sorpresivamente, un “niño”, quizás dos o tres años mayor que yo, me arrebató el dólar y salió disparado en dirección a un sector que paradójicamente era conocido como “El Porvenir”. Quedé inmóvil, creo que hasta lloré víctima de la impotencia que uno experimenta cuando es despojado de algo que le pertenece sin que medie la posibilidad de defenderlo.

Años más tarde, sufrí el segundo robo que recuerdo. Esta vez fue en la playa. Ya se había iniciado el proceso de reversión de la Zona del Canal y los panameños comenzábamos a disfrutar con más frecuencia de algunos sitios que antes no nos atrevíamos a visitar; uno de ellos era la playa Veracruz.

Allí tomé la mala decisión de dejar cerca de una rivera un equipo de sonido, mientras disfrutaba del lujo de vivir en un país abrazado por dos mares, e inesperadamente se apareció un individuo de entre los manglares que había en el lugar antes de que llegara la mano del “desarrollo” y se fue con lo mío. Esta vez reaccioné e intenté perseguirlo, pero fue por el gusto.

Mucho tiempo después comprendí que la ventaja que tienen quienes viven al acecho de lo ajeno es, precisamente, el nivel de descuido que nosotros tengamos.

Para que le roben a uno un dólar, un aparato electrónico, un sueño, una esperanza o hasta la vida, solo basta con que nos distraigamos un poco, que perdamos la concentración o que le abramos la puerta al exceso de confianza.

Por eso debemos vivir en alerta constante. No perder de vista el bosque por estar entretenidos contemplando un árbol y recordar que siempre hay gente que nos observa y está elaborando un plan para darnos el próximo golpe.


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903628
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América