Pero para Oscar Arias Sánchez tales posibilidades parecen no constituir preocupación alguna. Las últimas encuestas le daban esta semana 25 cómodos puntos de ventaja sobre su más cercano rival, Ottón Solís Fallas del Partido Acción Ciudadana.
Los comicios en ese país son el próximo cinco de febrero y Arias Sánchez vuelve al ruedo electoral 20 años después que los votantes costarricenses los favorecieran con su voto, aquella vez en una coyuntura histórica que le reservó un protagonismo nada fácil para desalentar la violencia en Centroamérica.
Su capacidad de diálogo y de gestión ante tan complejo drama le valió en 1987 recibir el Premio Nóbel de La paz.
Y es, a criterio de los analistas, ese antecedente uno de los que más pesa en la memoria del ciudadano costarricense. Esta semana las encuestas indicaban que Arias Sánchez se aproximaba a un 50 por ciento de la intención de voto, en tanto que su más cercano rival solo bordeaba un 21 por ciento.
El propio presidente saliente Abel Pacheco dijo el martes último en su acostumbrada conferencia de prensa que "si Don Oscar se acerca al 50 por ciento, como aparece en las encuestas, y el que le sigue va por la mitad, yo no creo que hay mucha competencia".
Y Arias Sánchez ha demostrado a lo largo de la campaña tener conciencia plena del peso de su candidatura, al término de rechazar invitaciones de sus competidores a debates televisados, o a participar en chats organizados por algunos medios de ese país.
Pero ¿cuál es la oferta de Oscar Arias Sánchez para los costarricenses? En una consulta que le formulara Semblanzas esta semana dijo: La creciente desigualdad económica, el crecimiento anárquico de las ciudades, la proliferación de armas y drogas, las penurias organizativas y económicas de la fuerza pública, la falta de agilidad de los tribunales de justicia para juzgar, son solo algunos factores que es preciso atacar a fin de crear comunidades seguras.
OAS: No creo en los extremismos ideológicos. Soy socialdemócrata y por tanto creo que los cambios sociales deben propiciarse gradualmente, sin extremismos y en paz, y de que las únicas armas legítimas para resolver los conflictos, en Costa Rica o en el mundo, son las de la razón, el diálogo y la democracia.
Sobre Panamá subrayó los elementos que vinculan a ambos países, pero -dijo- En su momento se plantearán temas de desarrollo común.
Un experimentado político costarricense que a sus 64 años tiene todas las posibilidades de convertirse en el segundo mandatario que ocupa por segunda ocasión la primera magistratura de su país. El primero en hacerlo, y en tres ocasiones fue José Figueres Ferrer en 1970. En esa, la tercera presidencia de Figueres, Arias Sánchez sirvió como asesor financiero.
OAS: Será un gran honor servirle de nuevo a mi país si triunfamos, como lo dicen las encuestas, el 5 de febrero. En lo particular tenía mucho que perder y hoy me doy cuenta de lo que perdí. Yo era una persona muy querida por todos, estimada por todo el mundo y la idea de volver al ring, de volver a la arena política, me daba miedo. Sin embargo lo hice porque la política es confianza, y los costarricenses no han perdido su confianza en mí. Yo creo que le puedo ayudar mucho a Costa Rica y no me puedo negar a eso.
Nacido y criado en Heredia un 13 de septiembre de 1940, procede de una familia cafetalera que lo educó, en principio, con la idea de verlo convertido en médico, y por lo que, tras finalizar sus estudios secundarios fue enviado a Boston, Masachuset para que estudiara esa carrera en Harvard. Pero las inclinaciones de Arias Sánchez o eran esa. En una de sus biografías oficiales se dice que a los 10 años le dijo a su maestra de primaria que él sería presidente de Costa Rica. Y seguramente con esa idea en 1974 regresó a su país y en la Universidad de Costa Rica estudió Economía y Ciencias Políticas. Más tarde en la Universidad Essex, en Colchester, obtuvo el doctorado en ciencias económicas.
Sobre su primera gestión al frente de Costa Rica, en su biografía se lee: El Dr. Oscar Arias asumió la presidencia en un período de gran turbulencia en la región centroamericana. La caída de la dictadura de Somoza, en 1979, y la toma del poder por parte del Frente Sandinista de Liberación Nacional crearon una fuente de constante tensión en ésta región. La interferencia ideológica y militar de las superpotencias, aún enfrentadas dentro del marco de la Guerra Fría, amenazaba con desbordar tanto el alcance como la definición del conflicto centroamericano.
Tal intervencionismo incrementó el rigor de una guerra civil que ya había reclamado más de cien mil vidas en Guatemala, agravó la inestabilidad interna en El Salvador y Nicaragua, y creó tensiones fronterizas entre Nicaragua y sus países vecinos, Honduras y Costa Rica. A pesar de que el Gobierno previo había tomado la decisión de hacer una "Proclama de Neutralidad", Costa Rica parecía irremediablemente involucrada en los conflictos del área. Frente a estas amenazas, Oscar Arias intensificó sus esfuerzos para promover la paz.
Aún antes de asumir la presidencia, Oscar Arias realizó un viaje por los países de Centroamérica y de América del Sur, para invitar, personalmente, a los Jefes de Gobierno a estar presentes en la toma de poder. Al tomar las riendas del gobierno nueve presidentes latinoamericanos se reunieron en San José. En esta reunión el Presidente Arias convocó a una "Alianza continental en defensa de la democracia y la libertad". En esta oportunidad afirmó los principios de que todos los centroamericanos pudieran disfrutar de las mismas libertades y garantías de democracia social y económica, que cada nación tuviera el derecho de elegir, mediante elecciones libres y limpias, el tipo de gobierno más adecuado para atender mejor las necesidades y los intereses de su pueblo, y que ni las armas ni los regímenes totalitarios pudieran arrogarse el derecho de decidir por ellos. En ese momento, guiada por Oscar Arias, Costa Rica asumió un papel activo en la búsqueda de la democracia y la paz para los países de la región.
En 1987, el Presidente Arias diseño un plan de paz para poner fin a la crisis regional. Ampliamente reconocido como el Plan de Paz Arias, su iniciativa culminó en los Acuerdos de Esquipulas II o el Procedimiento para establecer la paz firme y duradera en Centroamérica firmado por todos los presidentes de los gobiernos de Centroamérica el 7 de agosto de 1987. En este mismo año le fue concedido el Premio Nobel de la Paz.
OAS: Quiero hacer de Costa Rica el primer país desarrollado de América Latina, y para ello propongo ocho tareas básicas para enrumbar al país hacia el 2021, año del bicentenario de nuestra independencia. Enfrentaremos con valentía y decisión la corrupción, para devolverle al pueblo la confianza en las instituciones democráticas, en los partidos políticos y en sus dirigentes.
Prioritario es también luchar contra la pobreza y la desigualdad social y económica. Para enfrentar esa realidad debemos de modificar el sistema tributario, haciéndolo más eficiente y justo. Costa Rica no tendrá un futuro halagüeño si nuestro gasto social no aumenta significativamente en cantidad y para ello hay que tener nuevos recursos.
En tercer lugar es fundamental integrarnos al mundo para crear empleos de calidad, y por tanto es necesario estimular la inversión privada. Y un país como Costa Rica tiene solo una forma realista de hacerlo: ahondar en su integración con la economía mundial. Por otra parte, si aspiramos a competir en un mundo globalizado, es indispensable invertir más recursos en la educación pública y aumentar su calidad. Pretendemos invertir al menos el 8 % del PIB en educación, disminuir la deserción escolar, aumentar la matrícula en secundaria, elevar la enseñanza de la matemática, de la informática y el inglés.
La delincuencia, la drogadicción y la violencia en el país han crecido. Tenemos que ser duros con la delincuencia en cualquiera de sus manifestaciones, pero mucho más duros aún con las causas de la delincuencia. La creciente desigualdad económica, el crecimiento anárquico de las ciudades, la proliferación de armas y drogas, las penurias organizativas y económicas de la fuerza pública, la falta de agilidad de los tribunales justicia para juzgar, son solo algunos factores que es preciso atacar a fin de crear comunidades seguras. Hay que continuar la profesionalización de la policía, mejorar los flujos de información entre el Ministerio de Seguridad Pública y el Poder Judicial, y fortalecer la seguridad comunitaria. La policía tiene que volver a la calle.
Para lograr nuestros objetivos es impostergable poner en orden las prioridades del Estado para que haga bien lo que tiene que hacer, para que sea eficiente y moderno. Tenemos que ser competitivos. Quiero que haya competencia en telecomunicaciones y en seguros.
Y si queremos convertir a Costa Rica en una economía dinámica y competitiva, es urgente que nos enfrentemos al colapso de nuestra infraestructura. Ante esa crítica realidad será necesario impulsar la inversión pública en conjunto con la inversión privada, mediante el mecanismo de concesión de obra pública por contrato.
Y por último y no menos importante, será ennoblecer nuestra política exterior. Costa Rica, por su autoridad moral, tiene que recuperar el prestigio internacional que tuvo en el pasado. Para eso es preciso tomar en serio la política exterior, asignándole suficientes recursos y profesionalizarla debidamente. La diplomacia debe concebirse como un poderoso instrumento de proyección de los valores de los costarricenses y de protección de nuestra seguridad, y no solamente como mera herramienta para vender nuestros productos, por muy importante que pueda ser esa función.
OAS: No creo en los extremismos ideológicos. Soy socialdemócrata y por tanto creo que los cambios sociales deben propiciarse gradualmente, sin extremismos y en paz, y de que las únicas armas legítimas para resolver los conflictos, en Costa Rica o en el mundo, son las de la razón, el diálogo y la democracia. Mi partido, Liberación Nacional, ideológicamente es moderado y progresista, tan lejos del populismo retrógrado de la vieja izquierda como del fundamentalismo neoliberal de la extrema derecha. En América Latina los electores se han pronunciado en forma democrática, soberana y libre, de acuerdo con sus realidades políticas, y por tanto, se merecen nuestro respeto y reconocimiento.
OAS: Hace 20 años se escribieron hermosas páginas en la historia de Costa Rica. Escogimos tener una política exterior valiente y honrosa, que no cedió en sus principios a pesar del ímpetu de los vientos en contra. Enfrentamos la guerra, abrazamos la causa de la paz, que es la más costarricense de las causas. Como consecuencia, nos ganamos el respeto del mundo y una cuota de influencia internacional muy superior a nuestro tamaño.
Debemos retomar el liderazgo en la causa por la paz del mundo y, particularmente, en la lucha contra el comercio de armas y el gasto militar, que destruyen vidas y esperanzas en los países en desarrollo. Creo en el diálogo, en el respeto al derecho ajeno, en el consenso, en el equilibrio. Convocaré a una reunión de líderes mundiales a fin de que se emita el Consenso de Costa Rica, mediante el cual se establezcan mecanismos destinados a condonar deudas y apoyar con recursos financieros internacionales a los países en vías de desarrollo que inviertan cada vez más en salud, educación y en vivienda para su pueblo, y cada vez menos en armas y soldados.
OAS: Como lo demuestra la situación de América Latina -la región más violenta del mundo- el miedo cotidiano y generalizado invariablemente alimenta el desencanto con el estado de derecho; agudiza la intolerancia social y la xenofobia; hace proliferar los discursos demagógicos y las tentaciones autoritarias. La lucha contra la delincuencia y las drogas es una lucha por la supervivencia de nuestra democracia y el tejido social que lo hace posible. Si no convertimos la seguridad ciudadana en una prioridad de la acción de gobierno, si no comprendemos que asegurar la vigencia de derechos fundamentales, como la integridad física y la protección del patrimonio, es tan importante para una democracia como celebrar elecciones, fracasaremos en todo lo demás.
Pero el problema es integral. La pobreza, el desempleo, la desintegración familiar, la deserción escolar, la falta de espacios sanos para la juventud, el tráfico y consumo de drogas, la violencia en todas sus manifestaciones, son caldo de cultivo para la delincuencia. Es cierto, se necesitan más policías en la calle, pero también más oportunidades para los jóvenes. Hay que reprimir, pero también prevenir.
OAS: Somos países vecinos y amigos, hermanos que hemos logrado convivir en paz. Nuestras relaciones políticas y comerciales son vigorosas y hay que fortalecerlas. Al compartir una frontera, compartimos ideales, luchas, problemas y soluciones. En su momento se plantearán temas de desarrollo común.