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Conversación con un amigo


¡No digas nada! ¡No renovemos la conversación que sostuvimos hace 10 días! -dije a mi amigo Ricardo cuando advertí su deseo de charlar sobre el mismo tema.

Hace ese tiempo quedamos solos y, sin querer ni buscarlo, surgió una confesión que trajo lo demás.

-Yo quise mucho a Ileana que fue mi mujer y considero que tenía virtudes que me envolvieron en el amor. ¿Por qué tuvo que morir? ¿Por qué Dios hizo esto si éramos tan felices? No encuentro la respuesta a tantas interrogantes que justifiquen lo sucedido -me confesó Ricardo.

 

-Por la misma razón que se llevó a mi esposo, compañero de tantos años y a quien también extraño sobre todas las cosas. Sin embargo, no he perdido la fe en que solo Él sabe por qué suceden así las situaciones.

Aquí fue donde la conversación se dirigió a esa fe inexistente para él y que, luego de algunos comentarios, lo llevó a decirme que era agnóstico. No comprendo por qué llegar a ese extremo y me vino a la mente que su agnosia era producto de no saber superar la pérdida y no desear comprender que cuando esto sucede la vida continúa su rumbo y tenemos que saber afrontar una soledad que trasciende más allá de nuestro pensamiento.

Traté, casi en vano, de suscribir lo que entiendo por fe, solo pensando en los resultados que podemos obtener si existe una creencia que arranque en tu mente cuando tú tienes control de la misma.

 

-No lo comprendo y mi fe no llega adonde existe tu sentimiento -me respondió. Soy agnóstico porque no comprendo el comportamiento de Dios.

-A Dios no debemos cuestionarlo. Si bien es cierto que a veces le enviamos los porqués, la creencia nos limita y nos impide ese cuestionamiento de sus decisiones.

Si profesamos esa fe, no solo en Dios sino en el destino, la vida resulta llevadera. A medida que yo insistía en mi punto de vista, Ricardo se amarraba más a su falta de creencia y fe. Sentía que podía llevarle mi palabra para tratar de convencerlo, pero era inútil dictar pautas positivas. Deseaba que me creyera lo que decía acerca de que cuando un ser querido falta, empieza una nueva vida y, tal vez, ese nuevo camino servirá para volver a ser felices.

 

Ricardo me miraba con su sonrisa permanente, pero sostenía su punto de vista e insistía en ser agnóstico. Considero que esa no es razón suficiente para serlo o para convertirse en lo mismo; pero a veces ciertas personas confunden la agnosia con el disgusto que dicen tener con Dios. Además, tanto hacer énfasis y repetir un concepto, nos indica que hasta él desea creerlo y hacerlo cierto. Traté de entrarle por ese lado, pero persistía en hacerme creer su falta de fe. Yo sonreía también y luego de ver que había hecho el esfuerzo para hacerle cambiar su pensamiento, le coloqué mi mano sobre su mano y solo le dije:

-No puedes seguir viviendo sin creer en algo o alguien. Perdona, pero no considero que seas agnóstico, solo guardas dentro de ti un resentimiento por un episodio en tu vida. ¿Has pensado en lo que tienes actualmente? También es un don de Dios y no te das cuenta. Disfrútalo sin medida y verás como normalizas tus sentimientos y llegarás a estar en paz con Dios.

Opté por levantarme, puse mi mano sobre su hombro y me despedí hasta mañana. No hemos renovado la conversación nuevamente. Creo que no tiene razón, pero no se deja convencer. Ha transformado su felicidad en el negativismo y ni siquiera pienso que sea dichoso así.


fecha edicion
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782014
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América