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Conversar, mi juego preferido

Cuando era chico me aburría mucho. El aburrimiento produce en los niños un "quejío" que nada tiene que ver con el flamenco y genera en ...


Cuando era chico me aburría mucho. El aburrimiento produce en los niños un "quejío" que nada tiene que ver con el flamenco y genera en sus progenitores soluciones sabias para el mismo, -qué duda cabe-, pero que distan de satisfacer el reclamo infantil. "Lea un libro", me decía mi mamá y yo la miraba desconcertado e incrédulo. "No se aburra (no sea burra)" les digo a mis hijas, que me miran indulgentes por el reiterado chistecito. Pero en medio del aburrimiento vespertino, mi abuelita Chela soltaba "la" solución: "vamos a conversar, ese es el mejor juego". "¿Qué?", pensaba yo. Y la conversa, siempre, era sabrosa de historias, de películas y recuerdos.

Montaigne está de acuerdo con mi abuelita Chela. Consideraba la conversación "el más fecundo y natural ejercicio de nuestra inteligencia. Creo que es la más deliciosa actividad de nuestras vidas. Leer un libro es una emoción débil, mientras que la conversación proporciona enseñanza y ejercicio al mismo tiempo". Detenerse con el otro e intercambiar impresiones y puntos de vista, enriquece más de lo que queremos reconocer.

 Uno de los aspectos de nuestra zozobra social, es la pérdida de la conversación. Las redes sociales, que facilitan cercanía, no producen más que un falso sentimiento de comunicación. La opinión ególatra, poco reflexionada y soltada a los cuatro vientos virtuales, desvirtúa uno de los hechos sociales más importantes. Las amargas polémicas, los insufribles comentarios a pie de artículo, vestidos de anonimato -que degradan aun más el hecho conversacional-, sustituyen a la conversación y nos privan de sus beneficios nutritivos.

Mi querido José Antonio Marina, señala en su libro "Las culturas fracasadas", que la conversación es un hecho estimulante, que genera creatividad, que comunica herramientas y valores que provocan lo que él llama "buenas ocurrencias sentimentales". Y dice más: el amor es "una conversación triunfante". El diálogo, la escucha recíproca e inteligente, es fundamental y vertebrador. Claro está, no somos ingenuos, hay conversaciones estúpidas, poco inteligentes y que ponen en serio riesgo la cohesión y el crecimiento social.

Viendo lo que ocurre con la Universidad de Panamá, con el INAC, con el Patrimonio Nacional y sobre todo, con la opinión que en general se tiene de la cultura, creo que es necesario el cultivo de la conversación.

Para hacerlo, es necesario detenerse, mirar a los ojos al otro, escucharlo, replicarle, volverle a escuchar, reflexionar, divertirse, tomarse las palabras de otro como reveladoras, comprender, ser empáticos, tomar decisiones. El que tiene oídos, oiga.

Creo en la conversación. Me gusta escuchar, que me planteen rutas vitales que no transito, que me confronten con aspectos de la realidad que no contemplo, que me ofrezcan herramientas distintas para resolver mi propia historia. Y detesto a los pesimistas mal informados, a los que engañan con su mediocridad envidiosa y poco ilustrada, a los que solo se escuchan a sí mismos y no me escuchan.

Tenemos que conversar más. Con los que gobiernan, con los vecinos, con los amigos. Eric Fromm, uno de los protagonistas de la última novela de Javier Riba, "El lunar eterno" (ya hablaremos de ella), eleva la escucha, tan necesaria en la conversación, a la categoría de arte. Pero no olviden ser constructivos, eficientes y positivos a la hora de conversar, sin que eso deje de lado la firmeza, la convicción y la crítica constructiva, por mucho que le pese a más de uno.

Mi abuelita tenía razón como Montaigne. Conversar, esa forma elevada y recíproca de comunicación, es el elemento que va a rescatarnos. Lástima que no todos quieran conversar con los libros ("Por eso cuando todos se lanzan a jugar, yo solo con mi libro me siento a conversar"), pero podemos escucharnos, podemos completarnos y hasta podemos enmendarnos los unos a los otros.

Cada vez que conversaba con mi abuelita Chela, yo crecía, me llenaba de razones y motivos y sabores, aunque yo no lo sabía. Al sobrevenir el silencio y las circunstancias a resolver, las viejas voces vuelven por la ruta del recuerdo y aquella vieja conversación, aquel juego, se vuelve consejo, camino y respuesta.


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995869
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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