La República de Corea, una nación ubicada en la Península del mismo nombre bordeado por los mares Amarillo y del Japón, rodeada de dos naciones potencias como Rusia y China, al frente por el Archipiélago de Japón y al Norte con su controversial vecina hermana de Corea del Norte, se había preparado para este gran evento, y ello lo demuestra sus más de 47 millones de habitantes, de los cuales 10 millones están ubicados en Seúl, su capital.
Surgido por la división tras la Guerra de 1950 a 1953 con intervención de las Naciones Unidas a través del llamado “Paralelo 38”, la nación surcoreana ha logrado alcanzar un máximo progreso tecnológico, agrícola, minero y de muchas de las actividades que han mejorado la calidad de vida de los coreanos conforme han pasado los años.
A nivel cultural, Corea del Sur ha conservado las tradiciones de sus ancestros, enfrentando a los tiempos modernos tras la posguerra, mientras que su fe y creencias han coexistido entre el Budismo, una de las primeras religiones, y el Cristianismo, siendo éste último el que ha alcanzado cierto dominio especialmente las creencias protestantes y del que tanto marinos como misioneros y estudiantes han llevado a la occidentalización de la nación asiática, incluyendo la práctica de los deportes.
En este rubro, los coreanos han presentado con este certamen futbolístico, una muestra firme de su vocación deportiva que había demostrado en 1988, cuando fueron capaces de presentar en Seúl, uno de los mejores Juegos Olímpicos de Verano tanto en lo deportivo como en lo organizativo, mientras que esa nación ha mostrado una mayor cantidad de coliseos y campos para la práctica de los deportes tanto tradicionales como modernos, siendo el taekwondo y el tang-soo do sus principales, a los que se les agrega el béisbol y ahora el fútbol.
Su gente, que ha mostrado cordialidad, simpatías y afecto al visitante se han ganado el premio mayor al ejemplo que ha dado ese país, sumado a la iniciativa de las empresas coreanas de presentar al mundo una imagen diferente y lo han conseguido con éxito.
Así es Corea, un país que fue capaz de presentar junto con Japón, y dejando a un lado las polémicas y rivalidades históricas entre ambos, el máximo evento deportivo como la Copa Mundial, y que después del mismo, será tanto o mejor conocido que antes del pitazo inicial con el que un día Francia y Senegal iniciaron la fiesta, y que una selección nacional unió a todo su pueblo rompiendo esquemas y ganando prestigio y respeto. La velocidad es su mayor tesoro. Los coreanos son rápidos con el balón en la defensa y el mediocampo. En el ataque también son veloces por los flancos.
Mueven el balón rápidamente, con pasos precisos.
Los volantes Chong-gug y Lee Young-pyo son los encargados de proporcionar los pases largos, centros y tiros de esquina. Hiddink ha puesto mucho énfasis en corregir algunos vacíos en la concentración al final de los partidos.
En su triunfo por 1-0 sobre Portugal en esta Copa, los surcoreanos redujeron la presión y el portero Lee Woon-jae tuvo que salvar un cabezazo del peligroso goleador Pauleta y un disparo de Sergio Conceicao chocó en el poste.
La fuerza de Vieri al marcar el gol italiano demostró que pese a su garra, los coreanos pueden ser dominados físicamente.