Hemos nacido para correr, asegura el autor estadounidense Christopher McDougall en su libro del mismo nombre, publicado en 2009, con traducción al español en 2011.
Reportero y corredor aficionado, McDougall fue asignado a estudiar la tribu tarahumara, que vive en una región inhóspita de la Sierra Madre mexicana, cuyos miembros son conocidos por ser los corredores más rápidos del mundo.
Los expertos afirman que son capaces de correr 100 millas seguidas en menos tiempo que los mejores ultramaratonistas del mundo. En 2003, el indígena tarahumara Victoriano ganó el maratón de 100 millas de Leadville, Estados Unidos, con un tiempo de 20 horas, 3 minutos. El último récord de referencia, las 100 millas del Western States Endurance Run de California, es de 15 horas, siete minutos, cuatro segundos, establecido por Goeff Roes en 2010.
McDougall estudió el fenómeno desde varios ángulos. Un aspecto fue el de los calzados. Observó que los tarahumaras corren sobre delgadas sandalias de cuero, atadas en la pantorrilla, sobre los tortuosos abismos y picos de las Barrancas del Cobre, donde habitan, contrario a las zapatillas sofisticadas utilizadas por los atletas modernos.
El autor determinó que utilizando zapatillas modernas, el 80% de los atletas, sin importar su disciplina o el tipo de calzado deportivo que utilicen, sufren lesiones en algún momento de su vida atlética. Los tarahumaras, sin embargo, no sufren casi ninguna. Encontró que las primeras zapatillas de suela de caucho, fabricadas por Converse y Adidas a inicio del siglo XX, eran de lona y suela delgada, permitiendo al atleta a moverse según el movimiento natural de sus pies. Las lesiones eran nulas o pocas.
Polémicamente, McDougall afirma que la entrada de Nike al mercado en 1972 influenció negativamente al mercado, convenciendo a los consumidores de que mientras más técnicamente avanzada sea la zapatilla, más rápido y mejor correrían. Sin embargo, para el año 2001, dice, después de presenciar y estudiar el método tarahumara, Nike se convenció de que se corre mejor descalzo o con zapatos de mínima tecnología.
El debate continúa, ya que los corredores siguen rompiendo récords con zapatillas de alto rendimiento, pero las dudas sembradas por McDougall han impulsado a la industria a innovar. Ya se fabrican zapatillas ‘minimalistas,’ e incluso modelos que muestran el contorno de los cinco dedos del pie.
McDougall también estudió la dieta de los tarahumaras. Además de comer poco, descubrió los ingredientes ‘mágicos’ de sus dietas: la semilla de la salvia, conocida como chia, y los geranios silvestres usados en la confección de una cerveza de maíz baja en alcohol y rica en nutrientes, particularmente en geranios silvestres, considerados los ‘antitodo’: antioxidantes, antibacterianos, antiinflamatorios; McDougall los llama ‘la droga maravilla’.
Sus intercambios con antropólogos fueron divergentes. Algunos afirmaron que los primeros hombres corrían largas distancias a gran velocidad para cazar y para huir de los depredadores. Otros afirmaron que si observamos a los niños, veremos que a la primera oportunidad echan a correr, confirmando que los hombres hemos nacido para correr: lo necesitamos y lo disfrutamos. En defensa de ello está el hecho de que los tarahumaras juegan un juego de pelota que puede llevarlos a millas de distancia del punto de partida.
En mi opinión, los humanos no nacimos para correr. El “homo sapiens” es por naturaleza un caminante, que andaba largas millas con su familia en busca de alimento y bebida, pausando en lugares seguros para pasar la noche o temporadas largas. Corría distancias largas, sin detenerse, para huir de depredadores, como ya se ha dicho, o para cazar, por ejemplo, una gacela, a quien podía acorralar y vencer, no por velocidad sino por su inteligencia, que es superior a la de todos los animales.
Consideremos que el hombre pobló todo el planeta, caminando, esparciéndose desde la cuna de la humanidad en el este africano, hacia todos los puntos del planeta. Pienso que el hombre fue un gran caminante y corrió largas y rápidas distancias solamente cuando le fue necesario. O sea, que contrario a McDougall, pienso que nacimos para caminar, bueno, entre muchas otras cosas.