Cristiano Ronaldo, con un triplete para los anales de la historia del madridismo (3-0), puso color a las viejas gestas que dieron forma a la historia del Real Madrid, levantó los dos goles de desventaja ante el Wolfsburgo y clasificó a su equipo para su sexta semifinal de la Liga de Campeones consecutiva.
El Santiago Bernabéu rememoró una de sus noches mágicas, recuperó el ambiente de las viejas gestas y disfrutó de la remontada de un equipo que se jugaba la temporada en 90 minutos. Remontó a base de fútbol y garra. De actitud de todo un equipo unido. Zidane dio importancia en la víspera al balón, pero a falta de brillantez en tramos del partido hubo que tirar de otros aspectos y de Cristiano. El verdadero líder salió al rescate con un partido para enmarcar.
No salió a encerrarse el Wolfsburgo pero fue atropellado. El Real Madrid salió a morir, mordía en cada balón con una presión alta que convertía en monólogo el duelo. Toques con velocidad, combinaciones verticales, líneas juntas y todos los rechaces a jugadores de blanco. Los goles, con esa actitud, eran cuestión de minutos.
El jugador portugués marcó el primer tanto en el minuto 16 tras rematar un centro de Dani Carvajal desde la banda derecha; el segundo lo consiguió en el 17 con un remate de cabeza a la salida de un córner sacado por el alemán Toni Kroos; y el tercero y definitivo, en el 77, después de transformar una falta al borde del área.