Hace días vuela en mi memoria “un verso”, como dicen los decimeros. Si la memoria no me es infiel, el autor es cubano. A propósito de traición, no recuerdo el nombre del autor. Solamente el “pie” que dice:
En el popular idioma
El valiente es un león,
El cobarde es un ratón,
El lento es una carcoma.
El manso es una paloma,
Es el hombre fuerte un toro,
Una oveja, el obediente
Y una persona clemente
Es un corazón de oro.
Atribuirle cualidades humanas a otros seres es una figura retórica denominada prosopopeya. Se observa mucho en las fábulas clásicas (Esopo, La Fontaine, Iriarte, Samaniego) generadoras de unas moralejas devastadoras, y a veces, simplemente aleccionadoras. En los cuentos que pretenden ser destinados para la infancia hubo un tiempo en que su uso fue extendido y hasta abusado.
Enseñarles atributos y moral a los niños desde la zoología resultó útil en algún momento de la historia de la humanidad. Sobre todo, para los antiguos. ¿Será por el aprecio y la curiosidad que generan estos hermanos de la naturaleza en los niños?
La fábula es un género didáctico moral. Sus cultivadores personifican bestias y vegetales atribuyéndoles, no solo palabra sino también raciocinio. Estos textos a veces en verso, otras veces narrativos se expresaban por alegorías, figuraciones, con las que “tocaban” a los poderosos con inteligencia y buena letra, o a sus enemigos literarios, esos desaguisados de siempre.
La fábula, cito: “Encierra una verdad práctica, un principio general, moral o literario que se desprende del caso particular que se refiere”. En muchos casos, encierra una verdad.
El tiro de gracia es el final de esta forma literaria, reconocido como la MORALEJA. Es una frase que quiere ser aleccionadora. De hecho se conservan algunas en el habla popular en forma de consejo o refrán.
Para más señas, la relación animal-carácter dejó unos ejemplos: el león vale por su valor; el gallo, por la vanidad; la gallina, por torpe y cobarde; el venado, por la desconfianza; el zorro, la astucia. El listado continúa con animales menos complicados, pero ejemplifican nuestra conducta moral: el perro vale por la fidelidad; la hormiga, por su laboriosidad; el conejo, astucia; cerdo, pereza, gula; la mula, terca…
Ojalá se nos aparezca un fabulista con un zurrón de moralejas y diga: evita los remedios que son peores que la enfermedad.