Tal parece ser el mensaje que la Academia Sueca nos reitera con la elección de la escritora inglesa de origen persa, Doris Lessing, a quien en el ocaso de su vida, y luego de mucha espera, le llegó la suerte del Nobel este año. Desconocida para una inmensa mayoría de lectores aficionados del mundo, salvo de Europa Occidental, pero de innegable y portentosa trayectoria.
Así suele ocurrirles a otros afortunados, el año pasado, cuando nadie se lo esperaba, se eligió ganador al escritor turco Orhan Pamuk, aunque con un acervo literario impresionante, era entonces ignoto para muchos. Hace 26 años, resultó igual con el novelista búlgaro ya fallecido, Elías Caneti, autor de una cantidad de obras, entre ellas la más grande a mi juicio, Auto de fe, de penetrante intelectualidad y destreza narrativa. Desconocidos al fin en su momento, pero efectivamente, merecedores, confirmado luego de leerlos y conocerlos gracias al Nobel. Sin embargo, también hay otros premiados desconocidos a los que la suerte les llegó, que se leyeron, pero decepcionaron, con el perdón de quienes no compartan la opinión, tenemos a Elfride Jelinek en 2004, Toni Morrinson en 1993 y Gabriela Mistral en 1945.
Repasando su palmarés, compruebo que la obra de madame Lessing es tan grande y diversa como la prodigiosidad del mar, ha escrito todo cuanto pudo ser posible: novelas de todo género, teatro, ciencia ficción, cuentos, poesías, ensayos y libretos para óperas, etcétera. También es sorprendente su existencia, vivida intensamente tras 87 años de edad. Desde pequeña, comprometida con los problemas mundiales. Fue testigo de la discriminación racial en Zimbabwe, donde vivió de joven, y objeto de rechazo en toda África por sus críticas y denuncias a los abusos y violaciones a su pueblo. Tuvo una maratónica vida política, perteneció y participó activamente en el Partido Comunista hasta 1954 cuando, desilusionada, renuncia. Pero su mejor contribución la hace a través de la denuncia social de su obra escrita. Hoy reside en Londres al cuidado de su hijo que padece de una enfermedad que reclama toda su atención y cuidado.
Pero la crítica literaria no perdona y manifiesta su inconformidad, le reprochan a madame Lessing no ser consistente, que a su obra le falta coherencia y que carece de soporte intelectual. Se ha llegado a decir que su premiación obedece a la suerte de una solución de compromiso por la falta de consenso del jurado para votar a uno del gusto uniforme de los cinco miembros del comité. Ellos, la crítica, sostienen que la tienen más que merecida y se les niega el Premio a los escritores Philip Roth, el novelista norteamericano, tal vez el más premiado de su generación; Amos Oz, israelí ganador del Príncipe de Asturias de las Letras 2007, o el poeta australiano Les Murria, entre otros.
Tocará seguir esperando la suerte del Nobel porque ciertamente es harto difícil decidir entre tantos excelentes escritores y extraordinarias obras. Para empezar, madame Lessing es solo la décima ganadora mujer de 104 favorecidos que se llevan un Nobel. Hace diecisiete años que un escritor de la lengua hispana no es premiado. Veintidós años que no se le otorga a un francés y catorce que un estadounidense no gana el premio. Qué me dicen del peruano Mario Vargas Llosa y del mexicano Carlos Fuentes que año tras año están a la espera del Premio y se les niega el galardón por diversas razones, probablemente las mismas por las que se lo negaron ingratamente a Borges, el inmortal.
Así como ellos, hay tantos más ubérrimos escritores, dramaturgos, novelistas, ensayistas y poetas que merecen esa distinción por sus buenas letras, así como por su contribución a la humanidad. Solo que ojalá no les toque la suerte como a madame Doris Lessing, en las postrimerías de su vida cuando los recuerdos son más que las ilusiones.