Perfil
Sin duda ha sorprendido el fallo del jurado que leyó las 38 colecciones de cuentos que se presentaron este año al concurso Ricardo Miró, al declarar desierta esta sección. Extraoficialmente se sabe de al menos 10 buenos cuentistas que participaron con justificado entusiasmo en el certamen. Claro que puede haber ocurrido que las obras que en esta ocasión concursaron no tuvieran mérito alguno o que los textos de determinados libros fueran demasiado disparejos entre sí, pero resulta difícil creer que haya sido así en todos los casos. Los argumentos presentados son demasiado generales, nada contundentes en cuanto a la conveniencia de convencernos de la fuerza de sus argumentos. Argumentos, por cierto, que como tales, no existen realmente en dicho fallo. ¿Ni una sola de estas obras merecía el premio? Resulta difícil creerlo, sobre todo a la luz de la historia reciente, palpable, de este fascinante género en el desarrollo de las letras nacionales.
Digan lo que digan quienes opinan diferente, y por supuesto es su derecho y habrán de tener sus razones, sostengo que más que cualquier otro género literario, el cuento panameño transita, desde hace al menos tres décadas, por singulares caminos de excelencia artística y autenticidad humana.

Tanto en calidad como en cantidad, podría fácilmente articularse una exigente bibliografía de no pocos libros de cuentos, publicados desde al menos 1990 hasta la fecha, en la que figuren obras de sobresalientes méritos. Asimismo, existen compilaciones históricas y antologías (más exigentes y rigurosas estas últimas) que ponen de manifiesto este fenómeno. Modestia aparte, yo mismo he preparado y publicado varios de estos muestrarios desde 1998, y los pueden revisar y juzgar quienes visiten la Biblioteca Nacional.
Se trata de escritores de muy diversas edades, profesiones, criterios estéticos y experiencia, tanto hombres como mujeres. Gente talentosa que, pese a los pocos estímulos que, históricamente, han tenido por parte del Estado y de la empresa privada, han decidido formarse por su cuenta y riesgo como escritores y, en general, no lo han hecho mal. Cada vez más, el diplomado en Creación Literaria de la UTP y los talleres literarios que se dictan de forma particular en Panamá han contribuido a formar buenos cuentistas, si bien resulta evidente que el talento nace, no se hace (pero sí se puede perfeccionar).

De otras generaciones, continúan escribiendo y publicando relevantes libros de cuentos reconocidos autores como Justo Arroyo, Moravia Ochoa López, Pedro Rivera, Rosa María Britton, Dimas Lidio Pitty, Giovanna Benedetti, Consuelo Tomás y Enrique Jaramillo Levi, pero muchos otros cuentistas destacados han ido apareciendo y se han sostenido a lo largo de los años. Narradores como Carlos O. Wynter Melo, Ariel Barría Alvarado, David Róbinson, Beatriz Valdés, Rey Barría, Allen Patiño, Félix Armando Quirós Tejeira, Isabel Herrera de Taylor, José Luis Rodríguez Pittí, Lupita Quirós Athanasiadis, Roberto Pérez-Franco, Carlos Fong, Melanie Taylor Herrera, Annabel Miguelena, Claudio de Castro, Lissete Lanuza Sáenz, Alondra Badano, Héctor Collado y Yolanda Hackshaw, para solo mencionar algunos.
Y más recientemente, Luigi Lescure, Lili Mendoza, A. Morales Cruz, Basilio Dobras, Lucy Cristina Chau, Andrés Villa, Gonzalo Menéndez González, Isabel Burgos, Julio Moreira, Alberto Cabredo, Ana Lucía Herrera, Sonia Ehlers Prestán, Javier Medina Bernal, Shantal Murillo, Pedro Crenes Castro, Dimitrios Gianareas, Cheri Lewis y Danae Brugiati, entre otros. Y resulta interesante observar que casi la mitad de estos cuentistas son mujeres.

Invito a los lectores a investigar y conocer la obra cuentística de algunos de los autores aquí mencionados. Se van a sorprender.