Los Currículum Vitae son sosos, están llenos de boberías, de fechas intrascendentes, de títulos sin peso específico, de mentiras inisifaustas, de apellidos fantasmales y datos que no interesan a nadie.
El Siglo XXI debe ser exigente si quiere sobrepasar al que relevó. Para que las empresas sepan a ciencia cierta a quién contratan, y los ciudadanos conozcan de verdad a quién van a elegir, y los hombres y mujeres tengan una visión verdadera del personaje que van a amar, deben someter a los distintos candidatos a un examen de admisión que remueva maracas interiores, que retrate sus conciencias.
Para saber de verdad cómo es un individuo por dentro, qué se cocina en su cerebro y cuánta fuerza tienen sus bíceps, debemos saber si puede subir escaleras, si ha sido fiel a sus amantes, si no le ha pegado nunca a su madre y si se preocupa por tu orgasmo.
¿Crees que exagero?
Me vas a decir que no te interesa el currículum sentimental de quien aspira a compartir tu techo, el escritorio de al lado, o tu cama?
Exijamos la verdad. Piensa que así nunca tendremos un extraño cuando lo necesitemos.
Ojalá un día de estos inventen un medidor de ideas. Sometiendo a los candidatos a tal aparato, sabremos si será apto para gobernarnos, para sobrevivir los contratiempos o para hacernos feliz.
Que confiese cuántas locuras se contuvo de hacer y precisamente de éso está hoy arrepentido. ¿Qué le parece la eutanasia, el suicidio? ¿Qué muerte escogería? Vamos, vamos, cuéntame, haz un recuento de tus mayores miedos. De paso, que diga cuántas veces se le hizo agua la boca por la mujer (o el hombre) ajena? ¿Cómo te gustaría aparecer en el Guinness? Por alto, por chaparro, por genio, por soplador de globos, por embustero mayor, por paseador, por equilibrista. Anda, piensa rápido y contesta sin reflexionar.
Has pensado cómo sería vivir dentro de una par de signos de interrogación. Pero primero piensa, ¿cómo te meterías en esos signos?
¿Cuál fue tu robo menor y cuál tu robo mayor? ¿De verdad, de verdad te gusta la ensalada del César? ¿Cuándo y cómo fue que te diste cuenta de que no eres más inteligente, ni vivo, ni hermoso que tus paisanos? ¿Te parece que al dejar para mañana lo que podemos hacer hoy nos damos un tiempo precioso para descubrir el error?
¿Con el corazón en la mano, ¿tú votarías por ti?