Hemos estado hablando de los parónimos y de las veces en que, por mala pronunciación, se mezclan sin que tengan que ver unos con otros, y de los yerros a lo que eso conduce, algunos con graves consecuencias.
Hoy mencionaremos otros posibles casos en que se puede producir la confusión entre los usos de parónimos, quizás sin llegar a causar muertos ni heridos, pero sí afeando el modo en que escribimos y nos expresamos.
En los escritos con los que me toca lidiar, algunos con carácter poético, en no pocas ocasiones me he topado, de buenas a primeras con un “azar” en vez de “azahar”. Explico: las flores del naranjo, por su albo color, tienden a ser símbolos de pureza; sin embargo, no se refieren, ni por asomo, al “azar”, que es el destino, el hado, la suerte. En otras palabras, si quiero decir: “Quiso mi azar llevarme hasta tu puerta”, mejor es que lo escriba así, porque de la otra manera (azahar) indicaría otra cosa, o peor aún, si llego a incrementar el yerro escribiendo “asar”.
Esto me ha hecho recordar a un alumno que, luego de leer el cuento “Pobres gentes” del ruso León Tolstoi (1828-1910), me mostró tachada la última palabra del siguiente fragmento: “La noche es fría y oscura; el mar, tempestuoso; pero en la choza de los pescadores el ambiente es templado y acogedor. El suelo de tierra apisonada está muy bien barrido; la estufa sigue encendida todavía y los cacharros relucen en el vasar”.
En este caso, “vasar” es un anaquel, o la simple tablilla que vemos en cualquier casa; pero existe la posibilidad de escribir la palabra de origen persa “bazar”, con la que nos referiríamos a una tienda o mercado; o usar el verbo “basar”, que se refiere a la acción de colocar las bases de algo… pero como ven, cada loro en su estaca, es decir, cada palabra va de la mano con su propio significado, no importa que se escriban parecido o se pronuncien de manera similar.
Es otro problema el que ocurre con “absceso”, que es la acumulación de pus en un tejido, y que ningún significado comparte con “acceso”, a pesar de que este tiene varios y muy variados, pero que por la similitud de su pronunciación a veces se oye a uno en lugar del otro.
¿O qué me dicen de la graciosa confusión que produce el escuchar que varias figuras públicas se están reuniendo para formar una “colisión” de partidos, cuando lo que están intentando ellos realizar es una “coalición”? ¿O del anuncio en la puerta de un hotel capitalino, en donde se invitaba a conocer una de las “exclusas” del Canal, cuando en realidad lo que iban a conocer los turistas eran las “esclusas”? “Colisión” es un choque; “coalición” es una unión; “exclusa” es una cosa excluida; “esclusa”, una obra de ingeniería…
También pude escuchar hace poco a una ciudadana que pedía que cierto conspicuo personaje regresara al país para “espiar” sus culpas; claro, lo que ella quería es que el otrora militar viniera aquí a “expiar” sus delitos; se parecerán ambos términos, pero de allí a significar lo mismo, no.
Y por igual motivo, en distintos momentos me han hecho la pregunta: “¿Qué buscaba Colón cuando salió de España: especies o especias?” Mi respuesta es casi siempre la misma: “Hasta donde recuerdo, mis maestras de la escuela primaria de Las Lajas siempre nos dijeron que eran ‘especias’, es decir: condimentos”.
Otro día seguimos, ahora hay que salir a vestirse de Patria.
Que la palabra te acompañe.