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Cultura y masas

Escuchar hablar a los periodistas es querer llorar lágrimas de sangre oyéndolos regresar a lugares comunes, adjetivos estúpidos y giros manidos. Los políticos escriben como analfabetos, con el agravante de no serlo. Se expresan como alálicos irrecuperables. Hilan ideas como tarados mentales.


El panorama que nos rodea es desolador. Sí. Y no, señores, no estoy hablando de la política, en serio que ya estoy asqueada de que ese sea el único tema. El sempiterno. El ubicuo. (Atención, aviso, la frase siguiente puede herir sensibilidades, si es usted fanático sáltesela) La política en este país es Dios.

Volviendo al inicio, les decía que el panorama que nos rodea es absolutamente desolador. La incultura campa por sus fueros. La ignorancia brilla. Los estultos lo son y están orgullosos de serlo. Y seguimos ahondando la brecha. El imperio está al caer. Los bárbaros con su jerigonza están a las puertas.

No, no me he levantado con la vena agorera alborotada. Simplemente hago constar un hecho que todos podemos comprobar dándonos una vuelta por los periódicos, los canales de televisión o las redes sociales. La gente no sabe escribir. La cultura clásica es material para alimentar chimeneas. Las obras maestras de la literatura se resumen en El Quijote y El secreto. La Biblia es solo para poder invocar un par de salmos elegidos con pinzas y nadie se la ha leído de verdad. Tanto esfuerzo y tanto cisma para esto. (Obviamente, habrá muchos que no sepan a lo que me refiero con lo de la lectura de la Biblia y el cisma, en fin…)

Y seguimos empecinados en ese camino de estupidez. La filología se elimina en los pénsums académicos porque no sirve para nada. El latín y el griego hace mucho que cayeron en el olvido porque las mentes brillantes que creen estar capacitadas para decidir acerca de lo que deben estudiar nuestros hijos no tienen idea de lo que son las declinaciones y aun no se han enterado que el lenguaje forma el pensamiento, y nuestro pensamiento está formado y deformado por el latín. Pero claro, para elaborar el pensamiento de la formación de las ideas a través del lenguaje, deberían haber estudiado filosofía del lenguaje, y hay que tener en cuenta que la filosofía no sirve para nada.

Hay que ser idiotas. Todos. La sociedad en pleno. Todos estamos construyendo una sociedad de burros tecnócratas. De ignorantes integrales.

Escuchar hablar a los periodistas es querer llorar lágrimas de sangre oyéndolos regresar una y otra vez a lugares comunes, adjetivos estúpidos y giros manidos. La mayor parte de ellos han usado el diccionario solamente para evitar que las puertas se les cierren de golpe.

Los políticos escriben como analfabetos, con el agravante de no serlo. Se expresan como alálicos irrecuperables. Hilan ideas como tarados mentales.

Los estudiantes cierran calles para protestar por un quítame allá cualquier pendejada pero no protestan por la mala calidad de sus libros de texto. Por los errores de bulto que existen en ellos, porque sus profesores no saben mucho más que ellos, y además se niegan a ser evaluados periódicamente.

Así nos va. Haciendo honor a aquello que dice que un pueblo de ignorantes es el caldo de cultivo perfecto para que germinen y medren los políticos abusivos.

Un pueblo donde se ha olvidado qué es un friso, en qué lengua se escribió el Popol Vuh, que las Termópilas no son solo la locación de una película, un pueblo que olvida sus raíces y su historia, un pueblo que olvida para qué sirve el arte, que borra sirenas de colores en una pared pero permite televisores gigantescos en las calles, es un pueblo condenado.

En un pueblo donde el epítome del amor son cincuenta sombras, Quevedo se volvería loco de furia, empuñaría su espada y no dejaría títere con cabeza. Y algunos le ayudaríamos. Sí.

*(Antropóloga, actriz y escritora)


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956323
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América