La derrota electoral en el estado de Chiapas (sur) empujó a la cúpula del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a unirse para enfrentar los comicios de octubre en Tabasco, donde una nueva derrota implicaría "el tiro de gracia", según definió René Juárez, gobernador de Guerrero.
El PRI, en crisis desde que el 2 de julio perdió la Presidencia de México tras ostentar el poder desde 1929, sufrió otra debacle cuando el ex priista Pablo Salazar, postulado por una alianza de ocho partidos opositores, ganó la gobernación de Chiapas ante el candidato Sami David, pese al apoyo que éste último recibió del "sindicato de gobernadores".
Los medios mexicanos denominan "sindicato de gobernadores" a priístas que ejercen ese cargo, responden al sector más duro y tienen mucha fuerza dentro del aparato del partido.