En ciertas ocasiones, no sabemos con qué palabra precisa debemos nombrar una realidad.
Quienes escribimos nos encontramos a menudo con esta necesidad, que surge, precisamente, para no repetir las palabras y también porque es necesario determinar qué es, a qué campo pertenece, etc.
Aristóteles introdujo la semilla al llamar "género próximo" a la primera palabra con la que definimos o la que utilizamos para responder la pregunta: ¿Qué es tal cosa?
Si alguien escribe sobre "el caballo", tendrá que decir, en algún momento, que se trata de un animal, de un aparato (gimnasia), de una pieza de ajedrez, etc.
Cuando los padres responden a las preguntas de su hijo, por ejemplo, ¿qué es un palmípedo?, lo primero que hacen es ubicar la palabra en la clasificación que le corresponde.
A semejanza del taxónomo, todos lo hacemos. Tal vez al niño, en principio, le baste con saber que un palmípedo es un ave.
En lo práctico.
En Internet aparecen foros de discusión en los que se debate si el tomate y el aguacate se consideran fruta o vegetal. Lo que se discute es cuál es el género próximo de estas palabras, es decir, cómo clasificamos lo que ellas representan.
En algún momento, la periodista Isabel Díaz me cuestionó sobre cómo clasificar "La cabeza de Einstein". Entre ambos pensamos en algunas posibilidades y fuimos desechando las menos apropiadas: monumento, estatua, busto, imagen.
Como queda dicho, todos empleamos el género próximo y él nos permite tener un conocimiento inmediato de la realidad.
El género próximo, cuestión vital.
Muchas veces se discute cuál es el género próximo con que deben clasificarse ciertas palabras.
Ajedrez. ¿Juego o deporte? Reconocido como deporte por 160 países. El DRAE lo clasifica como juego.
Lexicografía. ¿Arte, técnica, ciencia? El DRAE lo reconoce como técnica y ciencia.
Rosacruz. ¿Fraternidad, orden, secta, religión, creencia? El DRAE lo clasifica como orden. Aparece en Internet como Fraternidad..
Masonería. ¿Doctrina, método, religión, secta, ideología?
"Asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales, y se agrupan en entidades llamadas logias".
Ciertamente, los niños saben.
Recuerdo que los niños de todas las generaciones, en algún momento, se entretuvieron con un juego que todos conocemos como "nombre, animal o cosa". Estuvimos, en realidad, partiendo del género próximo y anotando bajo este todas las palabras que podrían recibir esta denominación.