No les negaré que estoy triste. Han desenterrado el lugar donde fusilaron al poeta Federico García Lorca y allí no está. Los que crecimos con la camiseta del Che, el Yankis go home, “amnistía y libertad”, Moustaky y Paco Ibáñez en el Olimpia, Poeta en Nueva York en la mesita de noche y el Serrat de Machado exiliado en México, no nos podemos creer que Lorca sea un desaparecido.
Desde siempre, desde niño, desde joven, sabía que en mi tierra hubo un gran poeta, un poeta verdaderamente del pueblo, al que asesinaron por sus ideas; por sus ideas y por su calidad literaria. De ser un mediocre tal vez se hubiera salvado. Pero era republicano y escribía bien, se le leía, se le admiraba y no solo en España, sino en Chile y en México; en Europa y en Nueva York.
Fui a Fuente Vaqueros y conocí su entorno vital y recreé su infancia. Estuve en Alfacar, “entre Víznar y Alfacar diría el poeta- y creí vivir sus últimas horas de angustia. Leí sus libros de poesía. Escruté biografías. Visité exposiciones y recorrí en Granada -en mis tiempos de Facultad- sus recoletos lugares.
Me hice lorquista y creo que a pesar de lo que digan algunos locos minoritarios, Lorca fue y es el mayor exponente -junto con Machado- de la poesía española comprometida y del pueblo. Lorca es con Pablo Picasso y Antonio Machado lo mayormente universal que los andaluces poseemos.
Ayer me dicen que en ese lugar de culto que era Alfacar no está enterrado; que no vive allí tras su fusilamiento fascista. Federico ya no es un poeta asesinado, es un poeta desaparecido como los que Pinochet hizo esconder en ignominiosas fosas comunes o los que Videla arrojó al mar desde los aviones del Ejército andino.
No me lo puedo creer. ¿El cuerpo de Federico inexistente? ¿Tanto y tanto leído para que nos digan que no está allí? ¿Tanto y tanto soñado, recreado e imaginado para eso?
¡”Que no quiero verla, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena”! En su verso el poeta de FuenteVaqueros parece que anticipó su salvaje asesinato. Federico muerto, asesinado y ahora desaparecido. No quiero verlo, no quiero ver que no pueda ver un sitio donde sus restos reposen. Quiero como diría Miguel Hernández …. Y repacpaceratte y besar tu noble calavera
¿Federico, sin tierra?, ¿Lorca sin lugar?, ¿el poeta del pueblo desaparecido?. Por doler me duele hasta el aliento.