La reciente visita a nuestro país del consultor general de Equus Entertainment, Jim Wilson, no resultó del todo provechosa y en lugar de animar a los diferentes sectores vinculados a los quehaceres hípicos, aparentemente dará como resultado una confrontación, que pudo haberse evitado o, al menos, demorado.
No habíamos profundizado sobre el asunto debido a que nos pareció muy pusilánime la actitud que asumieron la mayoría de quienes participaron en las reuniones, en donde hasta donde se ha sabido, el viejo Wilson actuó como si el hipódromo fuera su feudo y olvidó que esas instalaciones y la actividad propiamente dicha, son un patrimonio del Estado panameño, que ha sido entregado en "concesión administrativa" a su empresa para que la maneje dentro de un tiempo y espacio contractualmente definidos.
Debió volver al país el Presidente de la Sociedad de Dueños de Caballos, Roberto Arango Ch. para que se dejara escuchar una voz si temor, sin sumisión y dispuesta a dar la pelea, ya que ni siquiera aquellos que fueron agraviados con las malacrianzas de Jim Wilson se han atrevido a salir a los medios a enfrentar la situación.
De algún modo es comprensible esa actitud por parte de algunos sectores, toda vez que fueron patrocinadores directos de la llegada de Wilson y Equus a Panamá, y aceptar que le ha salido "la criada respondona", les resulta difícil.
Otros sencillamente optaron por no servir como machetes para cortarle el monte y abrirle el paso a nadie. Y también eso lo entendemos, ya que supimos que hubo llamadas de Panamá hacia Estados Unidos, solicitando al presidente de la Sociedad de Dueños de Caballos -quien estaba de vacaciones- que nombrara un vocero distinto al vicepresidente del gremio para que enfrentara la reunión con el gringo Wilson.
Atinadamente Roberto Arango hizo caso omiso de esa solicitud, en vista de que la misma era improcedente y de paso pondría en dudas su liderazgo al frente del gremio.
No abogaremos por la división, por que creemos que en la unidad está la fortaleza para enfrentar lo que viene y hacer ver al señor Jim Wilson que el Hipódromo Presidente Remón no es suyo. El aquí no es dueño de nada, ni siquiera del ridículo jardín que mandó hacer al frente del edificio principal.
Sin embargo, es bueno anotar que la Sociedad de Dueños de Caballos es la genuina representante de las grandes mayorías hípicas y son quienes realmente invierten en el negocio sin la seguridad de poder recobrar su dinero.
Los criadores, crían y venden; los entrenadores, entrenan y reciben su porcentaje y los administrativos, trabajan y cobran su salario.
Aplaudimos la posición vertical del presidente de la Sociedad de Dueños de Caballos y creemos que el resto de las agrupaciones deben ponerse a tono.
Si no pueden caminar en unidad, entonces no entorpezcan las acciones de quienes siempre han peleado por una hípica mejor, aun a expensas de sus propios intereses.