El 18 de junio de 1929 el colonense Alfonso Brown, mejor conocido como Panamá Al Brown, subió al cuadrilátero en la ciudad de Nueva York y en ese día también entró a los libros de historia del boxeo mundial.
Era el primer panameño y el primer latinoamericano en ceñirse una corona mundial, para honra y gloria de su pequeño país. Al Brown marcó así el primer paso de una senda triunfal que también recorrerían 17 panameños más al convertirse en monarcas del mundo en diferentes categorías.
La memorable hazaña la logró librando una épica batalla de 15 asaltos ante el español Vidal Gregorio, conquistando por decisión el cetro gallo (118 libras). Este extraordinario boxeador panameño se mantuvo activo en el boxeo profesional hasta 1944.
Fue el inicio de una era de grandeza y esplendor para el boxeo panameño que se mantuvo hasta mediados de la década de los noventas, período en que 17 panameños más lograron ceñir una corona mundial. Carlos "Púas" Murillo fue el último en tener este honor cuando se tituló campeón del peso mínimo (105 libras), el 26 de marzo de 1994.
Varios istmeños han intentado escalar la cumbre, fallando en el intento. Desde el glorioso Al Brown hasta nuestros días el boxeo pareciera haber caído de la cima al abismo.
En la antesala de un nuevo milenio se hacen esfuerzos para recuperar esos momentos espectaculares que viviera el boxeo nacional.
Falta de disciplina y dedicación Ricardo Valdés, secretario del Club Cincuentenario, considera la falta de dedicación y disciplina el origen del decaimiento del boxeo.
Este Club fue fundado en 1960 y contribuyó a formar a grandes campeones como Roberto Durán, Eusebio Pedroza, Enrique Pinder, Alfonso López, Rigoberto Riasco, Jaime Ríos, Rafael Ortega y Alfredo Layne (Q.E.P.D.).
"Cuando existían los gimnasios de El Marañón y Neco De La Guardia había personas que se dedicaban las 24 horas a la formación de los boxeadores y ellos demostraban gran respeto y dsiciplina. En aquel tiempo (años 60 y 70) no había tanto problema de drogas como ahora", señaló Ricardo Valdés.
Según el dirigente deportivo cuando se conformó el Club Cincuentenario se hacía todo tipo de actividades para obtener fondos que se destinaban a ayudar a los atletas. Existía una auténtica "hermandad" que luchaba por formar una verdadera conciencia deportiva entre los atletas, reseña Valdés.
Los tiempos no son los mismos En consultas hechas al ex campeón pluma Eusebio Pedroza, miembro del Salón de la Fama del Boxeo Internacional, este opina que uno de los agravantes que no permite el resurgimiento del boxeo panameño es la falta de buenos entrenadores.
Según Pedroza en la época en que le correspondió pelear los entrenadores demostraban una rigurosa disciplina que era cumplida al pie de la letra por los boxeadores. Ahora es lo contrario, donde los boxeadores quieren hacer lo que les da la gana.
Zapatero a tu zapato Otra de las situaciones que no permiten el despegue del boxeo es las diferencias que se dan en ocasiones entre los boxeadores y sus apoderados.
Hay un hecho más complejo, en opinión del promotor Eric Valoy. Para él, uno de los hechos que mantienen estancado el boxeo es la dualidad de funciones de algunos promotores que a la vez quieren ser apoderados.
Valoy estima que cada quien debe ejercer un papel específico y no mezclar una cosa con otra.
De cuna de campeones a mercado de mariscos. Para agregar a las calamidades que confronta el boxeo, los púgiles no cuentan con un gimnasio adecuado para dedicarse a sus sesiones de entrenamientos y ejercicios.
Del gimnasio de Marañón sólo queda el recuerdo de la cuna de campeones que fue. Pasó a la historia para dar paso hace varios años a la construcción del mercado de mariscos.
El gobierno de Japón concedió una partida para edificar uno nuevo, para hasta el momento sólo están los cimientos abandonados.
A pesar de todos estos problemas, el boxeo pareciera estar resurgiendo de las cenizas, en los dos últimos años se han reactivado las veladas y ha aumentado el número de boxeadores en el gimnasio. Parecieran haber indicios que después de un prolongado nocaut, empieza a salir del profundo coma en que se encuentra.