Y Panamá, como París, fue una fiesta, una fiesta de las letras. El Festival Eñe cerró la semana pasada dejando una sensación en el aire: hay ganas, muchas ganas de letras. Los escritores que participaron, los de aquí y los de España y América Latina, estuvieron inmensos. La fiesta fue, yo la viví así, de altos vuelos.
La amistad, la literatura y las ideas se hicieron muy visibles durante el Festival Eñe. Estoy muy orgulloso de pertenecer a una generación de escritores tan llena de matices, ideas, miradas estéticas y calidad literaria. Nuestro país ha acogido un evento de resonancia internacional y hemos estado a la altura de las circunstancias.

Y sí, es cierto, no estuvieron todos los que son pero los que estuvieron lo hicieron muy bien. Me consta que estas fiestas literarias las vamos a tener que convertir en costumbre porque no solo nos quedaron ganas de beber ese buen vino que nos sirvió “Beso de Vino” desde Cariñena, nos quedaron ganas de seguir conversando del Quijote, de Sinán, de las aventuras de un quijote panameño buscador de tesoros y de seguir conspirando contra la corrupción y la desidia con argumentos de poesía, novela y cuento. Me he traído tantas ganas de literatura a Madrid que desde aquí, quiero que empecemos a citarnos para la próxima y cuanto antes mejor.
Gracias a la AECID, la Embajada de España en Panamá y a La Fábrica, nos convertimos por unos días, en el corazón del universo literario en español, compitiendo con la mismísima Feria del Libro de Guadalajara. Como le dije a un amigo escritor que estuvo por allá: “ustedes se lo perdieron” y nos reímos el uno del otro y celebramos la alegría de ser escritores justo en estos días cuando libros como “La mala puta”, nos dibuja nubes oscuras en el horizonte. Nos bajamos unas pintas de Guinnees y nos desamaos una Navidad llena de letras.
Pero a partir de hoy, comienza la cuenta atrás hacia una fecha que nos lleva al recuerdo. Las letras dejan paso a la memoria de un día que nos cambió la vida para siempre.
Yo estuve allí y la próxima semana espero poder compartirles mi memoria de aquel día. Moravia Ochoa, leyó un fragmento de un hermoso cuento suyo, “Las luces”, poniéndonos a todos en perspectiva de lo que se nos venía encima en el calendario, a pesar de la fiesta literaria. Los escritores estamos para eso, y Moravia lo mencionó y el aire se llenó de su voz y de su cuento.
La fiesta y la memoria se unen para que no nos olvidemos de esta fecha. Detenernos y revisar la memoria es un ejercicio que nuestra historia se merece. Porque aquello, esa injusta “Causa Justa” nos pasó a todos, solo que unos pagaron con sangre esa factura y a otros no toca pagar con un tributo diario su recuerdo. Extrañar se escribe con eñe, como cariño o añorar. Olvido, como es sin eñe, está prohibido.