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De la Hoya cambió el boxeo

El apellido De la Hoya es sinónimo de un gran gladiador en el ring, un hombre que se caracterizó por el culto a la disciplina, al trabajo y al espectáculo.


Óscar de la Hoya es y será siempre un púgil que, más allá de sus cualidades boxísticas, se destacará por su carisma en el cuadrilátero.

En los ensogados, este boxeador estadounidense logró todo lo que un atleta quisiera: reconocimiento, respeto, admiración, pero sobre todo, hizo de la disciplina su mejor arma para conquistar el difícil mundo del pugilismo.

 

Y es que al final de su carrera, el “Golden Boy”, como siempre fue llamado, puede caminar con los hombros ensanchados y la mirada alta. Su trayectoria saca la cara por él.

Se puede decir que Óscar cambió la forma de ver el boxeo, sus peleas, todas en el sistema pague por ver, recibieron el beneplácito del público.

 

De la Hoya explotó la otra faceta del boxeo. Y es que las mujeres siempre fueron parte fundamental de las carteleras que protagonizó en Las Vegas. Ellas garantizaron el éxito de sus veladas.

El inicio.La fulgurante carrera como boxeador comenzó conquistando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona, la cual le dedicó a su madre, quien falleció meses antes de la justa deportiva, víctima de una enfermedad terminal.

Barcelona fue simplemente un aperitivo de lo que vendría para este muchacho, que fue capaz de evadir toda clase de golpes, resistir los embates y la envidia de los rivales y conectar contundentes golpes a gran velocidad.

 

Para los amantes del deporte de las narices ñatas y orejas de coliflor, será difícil olvidar cómo Óscar acabó con la leyenda del boxeo mexicano: Julio César Chávez, quizás esta contundente victoria provocó el repudio del público azteca, a pesar de que De La Hoya hizo todo para ganarse su cariño: algún día tendrá el reconocimiento.

Otro combate importante en su carrera fue cuando destrozó, como le dio la gana, al también mexicano Fernando Vargas; también es imposible no recordar las refriegas contra Miguel Ángel González, el estadounidense Pernell Whitaker, el puertorriqueño Héctor Camacho, el canadiense Arturo Gatti y el nicaragüense Ricardo “El Matador” Mayorga.

Aunque no todo fue dulce en la carrera de De la Hoya, pues también tuvo sus momentos difíciles en el ring, sobre todo, cuando probó el amargo sabor de la derrota al caer con el boricua Félix "Tito" Trinidad. Perdió con los estadounidense “Sugar” Shane Mosley y Bernard Hopkins.

 

Fue precisamente Hopkins quien le hizo doblar las piernas al noquearlo por primera vez, tras recibir un fuerte golpe en la zona hepática; además fue vencido por Floyd Mayweather Jr. y el filipino Manny Pacquiao.

La derrota contra el filipino sentenció el final de una carrera brillante; esa noche Óscar entendió que ese sonido que escuchaba en su interior no eran las campanas anunciando un nuevo asalto o la Navidad (8-12-2008), sino el tren presagiando el retiro.

Sí, Pacquiao fue el mensajero inequívoco de que era la hora de colgar los guantes había llegado y que no era correcto seguir insistiendo, porque ni las piernas ni las manos podían responder a los impulsos que tantas veces lo hicieron vencedor.

Ahora este boxeador estadounidense sigue vinculado al deporte que le cambió la vida, pero no necesariamente tirando puño, ahora arregla combates para que otros sean los protagonistas de las veladas.

La pregunta es que si estos nuevos guerreros del ring podrán igualar lo que hizo en su momento Óscar de la Hoya, dueño de un récord envidiable con 39 peleas ganadas, treinta de ellas fue por la vía rápida, perdió se seis peleas (lo noquearon dos veces).


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464497
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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