El presidente Fernando de la Rúa cumplió ayer dos años de gobierno con escasos motivos para celebrar, enfrentado a la peor crisis económica argentina de las últimas décadas y con nubarrones que enturbian su horizonte político.
Con tono resignado, De la Rúa declaró ayer que "desde que asumí vivo apagando incendios y afrontando una crisis estructural que viene de antes. Vengo trabajando con fuerza para recuperar de esta situación en que lo encontré".
Cuando apenas ha transcurrido la mitad de su mandato, el Presidente administra una economía cuyas alternativas parecen ser la devaluación, la cesación de pagos de sus compromisos internacionales o la dolarización de su moneda.
Desde algunos sectores se cuestiona la idoneidad de De la Rúa para desempeñar sus funciones y se conocen propuestas para modificar la legislación de acefalía a fin de facilitar su eventual relevo.
Y el peronismo, al que la victoria de De la Rúa desalojó del poder hace dos años, se perfila nuevamente como el más probable ganador de las próximas elecciones, luego de haberse impuesto en recientes comicios legislativos.
Su victoria puso fin a 10 años de gobierno del peronismo, a través del ex presidente Carlos Menem, y frustró la pretensión de prolongarlo del candidato presidencial de ese sector político, el ex gobernador y actual senador Eduardo Duhalde.