Las derrotas son amargas y no tienen parientes cercanos. Cuando se pierde, no hay momentos para alegría, sino para la amargura y el dolor.
En ese estado anda hoy el corazón de su majestad el béisbol: dolorido y triste, porque nuevamente ve cómo su pueblo saborea la hiel de la derrota y el fracaso.
Colombia nos dejó ese sabor amargo en la boca, al eliminarnos de la cuarta versión del Clásico Mundial de Béisbol, que se dará en marzo del 2017.
Pero más allá de la derrota y de los pechos fríos que dicen que no fue fracaso y que se perdió bien, a estos últimos —al parecer— les gusta perder para sentirse bien, masoquistas, esta pérdida nos debe dejar enseñanzas, pero conociendo la memoria corta de los panameños y de los dirigentes, de seguro no aprenderemos nada, pasaremos la página y seguiremos naufragando en los mares de la derrota.
No será hasta cuatro años más tarde, cuando veremos llenos de incertidumbre qué hacer para conseguir ese boleto al Clásico Mundial de Béisbol, torneo que se nos ha vuelto esquivo por más de 10 años.
Debemos aprender y saber que hay que darle un remezón al béisbol porque venimos recibiendo puñetes de países no tradicionales en este deporte, desde hace años.
Es que no aprendimos nada desde el 2012, cuando Brasil nos dejó en el camino, coincidentemente en una clasificación hecha en Panamá, porque ahora Colombia nos golpea en la cara, en dos ocasiones, sin tener reacción.
El béisbol panameño sigue trabajando en pequeñas ligas, pero hay algo que no está bien en la conexión hacia las categorías superiores, hasta llegar al béisbol profesional.
La cara de impotencia de Carlos Lee, quien al final se tiró al agua sin flotador y sin saber nadar, muestra que el nivel de la mayoría de los peloteros que manejaba, con todo el respeto que se merecen los jugadores, no era suficiente.
Ejemplo de eso es la misma Colombia, la mayoría de esos peloteros venían de la eliminatoria hacia el Clásico pasado, donde casualmente los derrotamos, para luego caer ante los brasileños en la final.
Ellos trabajan en su béisbol profesional, hacen el ciclo con los jugadores, cosa que no se hace en Panamá, tenemos una liga que no aporta mucho, al punto que nuestros prospectos en las ligas menores no vienen a jugar acá, sino que deciden irse a República Dominicana, México o Venezuela. Desde ahí empieza la debacle de nuestro béisbol, no tenemos una estructura profesional para poder ayudar más a los peloteros que están en las organizaciones de las Grande Ligas.
Por esa estructura de béisbol profesional, esa Colombia que nos ganó tiene más peloteros en ligas menores y en Grandes Ligas que Panamá.
Ahora no podemos esconder nuestros problemas beisbolísticos tras una celebración de un manager que, a mi juicio, tenía toda la razón para celebrar como le diera la gana, más allá debemos analizar que la cabeza de nuestro cuerpo técnico no ha dirigido un equipo en su carrera, no podemos negarle que tuvo un paso prominente por las mayores, pero su bagaje como técnico no era el apropiado, a diferencia de otros managers, casualmente el de Colombia, ejemplo que no me cansaré de exponer. Trabaja en ligas menores, tiene el conocimiento de lo que es dirigir un equipo de béisbol.
Al final, en esta ocasión los hermanos colombianos no dejaron las cosas a la suerte, sabían lo que querían, vinieron por eso y se lo llevaron.