Desde joven, César Barría participó en grupos juveniles, lo cual fue moldeando su personalidad e interés por quienes lo rodeaban.
Fue en el grupo juvenil de la Parroquia San Juan Apóstol en donde estuvo siempre y se formó como líder. Allí vio a muchos jóvenes crecer y salir adelante -según él- “en el buen camino de Dios y en sus vidas profesionales con valores positivos”.
Tras su primera travesía en Gibraltar, Barría tuvo que hacer una pausa y darle el liderazgo a otra persona, porque el tiempo no le alcanzaba para repartirlo entre la natación y las presentaciones que hacía.
Aun así, mantiene comunicación con la parroquia, puesto que está convencido de que esta es uno de los pilares que ayudan a robustecer la personalidad de los jóvenes.
Sobre la juventud dice que siempre representa una esperanza.
“Si no la tuviéramos, tampoco habría la fe de que pudiéramos cambiar. Mientras a los jóvenes se les brinde oportunidades y se les abran espacios, habrá esperanza y oportunidad”, manifiesta.
“Yo pienso que mientras usemos el potencial de la familia, vamos a poder ser mejor, porque todo sale de allí, pero hay que meterle mano mediante la familia, la sociedad, el Estado y la Iglesia”.