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De los 'Valores Hípicos' y por qué les doy tanta importancia

Hace casi una semana se realizó la votación para escoger a los Valores Hípicos de 2015. Debido a mis vacaciones, no pude publicar mis votos ...


Hace casi una semana se realizó la votación para escoger a los Valores Hípicos de 2015. Debido a mis vacaciones, no pude publicar mis votos antes como lo hago ritualmente. Eso lo haré al final de esta columna; antes quiero precisar sobre algunos temas.

Se ha dado en llamar "Reglamento de los Valores Hípicos" a un documento del cual, me honro en decir, soy como su papá. Más que un reglamento se trata de unas líneas generales, una suerte de bases o puntos de referencia sobre los que se funda el proceso de elección que por mucho tiempo anduvo al garete.

Por varias temporadas, fui miembro de esa comisión hasta que hace tres o cuatro años le dije al director de Relaciones Públicas del hipódromo que había decidido no seguir para darles paso a otros colegas, ya que sentía que era demasiado ser miembro de la Comisión Nacional de Carreras, del Comité del Salón de la Fama y de la Comisión de los Valores Hípicos.

Además, había dejado mi impronta en esta última, tras haber sido el responsable de redactar "el esqueleto del reglamento"; el haber propuesto que los premios en las diferentes categorías llevaran nombres de equinos y personalidades que hicieron historia y, por último, haber inventado el Gran Premio Nacional de la Hípica, como contrapeso a la Personalidad Hípica que, penosamente, se había prostituido. De lo anterior pueden dar fe José De Obaldía, Miguel Gómez, Armando Hill Piña y Arquimedes Gálvez, con quienes mayormente compartí esas responsabilidades.

Siendo parte de dicha comisión también aprendí. Por ejemplo, Arquimedes Gálvez nos abrió los ojos cuando nos explicó que las elecciones que hacíamos los especialistas panameños eran enviadas al comité del Stud Book Internacional, y que una de las exigencias de ese organismo registral es que, en el caso de los equinos, no son reconocidos como campeones aquellos ejemplares que no hubieran ganado, al menos, un clásico en la temporada respectiva.

Erróneamente hubo ocasiones en que - obligados por las circunstancias- escogíamos a los mejores, mas no a los campeones (sucedía mucho con las yeguas importadas de cuatro años y más).

Esta regla solo tiene efectos sobre los ejemplares y no alcanza a los humanos. Sobre esto último, debo señalar que me llamó la atención que este año la comisión nominó en la categoría de Jinete Profesional del Año a los tres que ganaron más clásicos y les pasaron por encima a los dos "campeones" (Wigberto Ramos y Jesús Barría) que terminaron como líderes con 107 ganadores cada uno.

Una vez me percaté de esa falla, hice el pronunciamiento pertinente y las comunicaciones del caso para lograr que se les incluyera en la lista de los nominados. Pero todavía me queda la sensación de que algo no está muy claro.

Explico. Si bien la comisión debe presentar un mínimo de nominados en cada categoría, esta acción debe originarse en ciertos principios, el primero de ellos es que los nominados hayan sido ganadores de la estadística "general" de su respectiva categoría. Pero el tema no termina ahí.

La comisión debe dejar abierta la posibilidad para que los votantes escojan otras opciones fuera de los nominados (especialmente cuando se refiera a personas) porque los votos para Jinete, Propietario, Entrenador, etc., son por simpatía. Así se hizo siempre, porque hay ocasiones ?como la del 2015? en que existen más de tres que merecen ser considerados.

¡Uff! Me fui en el gusto y se me acabó el espacio. Así que la próxima semana agoto el tema y, por supuesto, les diré por quiénes voté.


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1012076
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América