Después de 192 años de habernos desligado de España y de 110 de estar un poco lejos de los colombianos, todavía hay fantasmas que nos atormentan.
Cada año vuelve al tapete el añejo debate sobre en qué momento se dio la separación y cuál merece la definición de independencia. En lo personal, siempre hemos visto el asunto como discusión bizantina. Pero la herida sigue ahí.
Y ahora, como para ponerle algo de sal, se han dejado escuchar nuevas voces que enarbolan la tesis de que la “verdadera independencia” se consolidó el 31 de diciembre de 1999, cuando en nuestro territorio se enseñorió una sola bandera y en el ámbito jurídico comenzó a imperar solo la Constitución y las leyes hechas por panameños.
Los académicos e historiadores tienen un acuerdo en principio según el cual las dos fechas clásicas de nuestra nacionalidad son el 28 de noviembre de 1821 y el 3 de noviembre de 1903. Al primer episodio, por mayoría, lo definen como independencia, y al segundo lo llaman separación, porque es el efecto de una decisión de emanciparnos tras una unión voluntaria.
Ahora, el ingrediente que añaden los pocos que recientemente aprovechan cualquier intersticio para exclamar su verdad no deja de ser digno de debate.
Quizá exageran un poco al querer darle rango de independencia a una situación que, fundamentalmente, sirvió para perfeccionar nuestro perfil como nación y derribar la oprobiosa quinta frontera, que representó un estigma para el orgullo nacional durante casi todo el siglo XX.
Pero más allá de las acepciones y de las apreciaciones que podamos tener sobre el tema, lo importante es que, como país, sepamos hacer valer esa condición de separados o independizados y comencemos por acentuar en la enseñanza -especialmente a la juventud- de los valores que nos sirvieron para alcanzar la posición que hoy, orgullosamente, ostentamos.
No se trata de organizar desfiles todos los días y en cada rincón de la ciudad y el interior, porque la experiencia nos está demostrando que hasta eso se está desvirtuando.
Seremos plenamente independientes cuando cada panameño sepa y entienda lo que nos costó llegar hasta aquí, y obedezcamos únicamente a los dictámenes nuestra conciencia nacional.