Mónica Miguel Franco/Antropóloga, actriz y escritora
Me superan. Cada vez lo llevo peor. Me da exactamente igual que me digan que el lenguaje cambia, que evoluciona. Que las nuevas tecnologías están modificando la forma en la que escribimos. Por rapidez y eficiencia. Que no. Que cuando leo algo con faltas de ortografía invoco con el pensamiento a Zeus tonante para que desintegre con un rayo vengador al tarado que osa escribir de esa forma.
No. No estoy hablando de ignorancia. No me molestan aquellos que no saben. En este caso y para mí, la ignorancia sí exime del delito. Si no sabes, si nadie te dijo, vale. Pero aquellos que presumen de carreras y maestrías y doctorados y no se preocupan de saber si ‘decisiones’ lleva dos o tres eses me hinchan las pelotas. Aquellos que anteceden su nombre con un ‘Licenciado’, o ‘Ingeniero’ y luego firman discursos plagados de horrores me estomagan.
¿A qué viene esta diatriba?, se preguntarán ustedes, pues viene a cuento de una nota oficial que el MEDUCA enviaba a los responsables de las escuelas del área de Los Santos para informarles de las medidas que debían adoptar para paliar los efectos del agua no potable. Yo leía y releía y no daba crédito. Anonadada. Impactada. Indignada. ¿Y esos beocios son los que están dirigiendo los destinos educativos de mis hijos? Conste que no era una circular general, sin firma. Ni un panfleto. No. Era una carta con remitente. Firmada y rubricada por las autoridades competentes del Ministerio de Educación. Dos firmantes para ser más exacta eran responsables de esa boutade. Y yo me digo, ya está bastante mal que la secretaria, que vive de escribir, no sepa hacer la ‘o’ con un canuto, pero vamos a ver, ¿su superior tampoco sabe? ¿O es que firma, cual bucéfalo, cualquier cosa que le pongan delante? Así nos luce el pelo.
La nota no tiene desperdicio. Está mal redactada. Tiene faltas de ortografía y de gramática que hacen que quieras arañarte hacia arriba, que duele más, y arrancarte los ojos para dejar de sufrir. Si usted es secretaria (o secretario) y no sabe que la palabra ‘envase’ se escribe con uve, y no con eme y be, usted tiene un grave problema. Pero si no sabe que la palabra República, cuando se refiere a una en concreto, es decir, a ésta, se escribe con mayúscula, la cosa toma tintes trágicos. Lo de no coordinar sujeto, verbo y complementos en la frase cae en zona de desastre. Y van las dos que tienen que firmar (sí, las, porque las firmantes son dos y son mujeres) y firman ese desaguisado. Alucinante.
Después de ver eso me pregunto con qué cara me cabreo yo con mis retoños cuando en un chat me cuelan un horror ortográfico. A ver con qué autoridad les obligo a escribir planas con las palabras correctas, si luego ellos se ven rodeados de superiores que, no solo no saben escribir en castellano, que ni siquiera les importa. A ver con qué estómago les bajo yo puntos a mis alumnos por faltas de ortografía en las pruebas, si ellos están siendo asediados por gente que medra sin empacho con su ignorancia supina a cuestas.
Cosas veredes Sancho, porque un país donde a la gente ya no le preocupa ni la ética, ni la épica, ni la estética, ni la ortografía, es un país de asnos ilustrados donde el tuerto será el rey de los mancos y todos andarán desnudos porque ni siquiera sabrán si las palabras ‘traje nuevo del Emperador’ se escriben con jota, con uve, o con hache.