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De qué nos quejamos si aún no hemos ganado nada

El fútbol es un deporte que levanta pasiones en Panamá y en cualquier parte del mundo, pero hay que saber manejar...

Rogelio Adonican
Rogelio Adonican

El fútbol es un deporte que levanta pasiones en Panamá y en cualquier parte del mundo, pero hay que saber manejar esas emociones y poner los pies en la tierra.

En nuestro país, las personas que viven de este deporte y las maquinarias publicitarias unidas a las televisoras han vendido un sueño de opio, que se esfuma más y más, cada vez que sale un equipo de la Liga Panameña de Fútbol (LPF) o una selección nacional a jugar en tierras extranjeras.

Pero me pregunto, ¿por qué le exigimos tanto a un equipo nacional que no tiene historia y no ha ganado nada?

 

En estos momentos, el fútbol aprende a caminar y seguirá recibiendo golpes por mucho tiempo. No hay que dejarse llevar por los medios que inflan un globo rojo, diciendo que “vamos para Rusia 2018”, “somos Marea Roja” , ninguna de esas tonteras nos llevará a un mundial. Tenemos que estar conscientes de que nuestra selección nacional es un equipo más del montón que está afiliada a la asquerosa Federación Internacional de Fútbol Asociado (Fifa), donde el Peñón de Gibraltar también tiene un espacio y juega eliminatorias.

En estos momentos, el equipo nacional no tiene norte, y de seguro no es culpa de Hernán Darío “El Bolillo” Gómez, sino que esa mejoría que nos venden es un espejismo. Soy del pensar de que aquí nos traen a Mourinho, a Guardiola, o a Pekerman y seguimos siendo lo mismo.

He escuchado hasta la saciedad que “El Bolillo” no sirve, que mejor estábamos con Julio César Dely Valdés, y otro poco de hierbas aromáticas; pero esos mismos, llamados capullos de expertos de este deporte, son los mismos que le daban plomo a Dely Valdés, en su momento, y que ahora lo piden y lo extrañan más que una exnovia.

 

No es por defender al estratega colombiano, sino que en su rostro se refleja el desánimo cuando ni siquiera quiere salir a dar indicaciones en los partidos. De seguro en estos momentos se preguntará: ¿qué hago aquí?, ¿en dónde me he metido? Su curriculum se ensucia, créanlo.

Pero, ¿no será que los jugadores que tenemos no dan más? Pero ninguno de los expertos, que juegan PlayStation con ellos, los llaman por sobrenombre, se toman selfies con ellos, se atreve a golpearlos porque temen que ese jugador lo saque de su círculo cero, lo borre de Twitter e Instagram y no le dé entrevistas, cuando hay otras formas de hacer noticias sin hablar directamente con el personaje, clases de periodismo, cortesía de la casa.

Son esos mismos que en este momento sufren del síndrome Julio César “El Bolillo” Gómez -están confundidos-, los que buscan pecados del técnico, pero no se atreven a hacer un análisis de nuestros jugadores versus otros jugadores de selecciones de Concacaf. 

 

No hay duda de que el fútbol no avanzará más mientras que la mentalidad de los dirigentes no crezca, pero de la misma manera debemos crecer los periodistas, no busquemos la fiebre en las sábanas cuando la fiebre está en el individuo.

Aquí hablamos de avances, que somos los número tal del área, pero cuántos jugadores nuestros están posicionados en equipos de alta competición a nivel mundial, por lo que sé, ninguno. Mientras eso no pase, seguiremos viendo el Mundial tan lejos como veo yo el de Rusia 2018, Catar 2022, entre otros.

Hay que entender que aquí el fútbol, más que un noble deporte, es un negocio de unos cuantos. Entre esos los que buscan raiting, los que venden camisetas, los que venden jugadores y un par que ha vivido de esa teta toda la vida. Ustedes deben saber quiénes son, si no, escudriñen la página de la federación.

 

Como se ve el panorama con “El Bolillo”, las cosas no son nada diferentes a las que fueron con Dely Valdés, ahora suenan —más que nunca— en mi cabeza, unas palabras del estratega colonense: “El tiempo me dará la razón”... creo que ese tiempo está cerca.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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