“Religiones cándidas que con inocente imaginación descubren un dogma” Neco (Una mente vagabunda)
Cuando no entiendo algo, prefiero filosofar. Aquí un ejemplo de “Una mente vagabunda”:
Según la deliciosa fábula del paraíso perdido que nos brinda ese extraordinario libro de libros que es La Biblia, Adán y Eva fueron ignominiosamente lanzados del rincón donde nacieron porque, al desobedecer una orden, conocieron las gratificaciones del sexo. Se unieron así a los ángeles rebeldes liderados por Luzbel como los primeros exiliados de la mitología católica. Es de notar que los ángeles fueron castigados por motivos políticos (rebelión en busca del poder), mientras que Adán y Eva por descubrir para qué servían los genitales que el mismo Creador les había obsequiado. Como racionalista convencido no tengo nada que decir sobre la seriedad y validez de un asunto que es de la absoluta incumbencia de la fe y sus creyentes. Sin embargo, como lector, siento una tremenda nostalgia por aquella florida esquina de la Tierra que, siguiendo los despeinados datos que nos da La Biblia y por las intensas exploraciones que mi dedo efectuó sobre curiosos mapas, llegué a la conclusión de que estuvo localizado entre las coordenadas 37.5° lat. Norte y 38.7° long. Este, en el territorio que hoy conocemos como Turquía. La más nítida de las pistas nos dice que en medio del Paraíso nacía un río (del lago Hazar) que luego se partía en cuatro; dos de esas vertientes, el Pisón y el Guijón, aunque en el libro están reconocidas y bautizadas, hasta la fecha no las he descubierto en la hidrografía del país en mención; los otros dos brazos acuáticos, el Jidequel, llamado en nuestros tiempos Tigris, y el Perat, hoy conocido como Eufrates, por razones que todavía no tengo muy claras, sólo cambiaron sus nombres. Sus cauces, apenas interrumpidos hoy por algunos diques, siguen la ruta primigenia, y se unen en pacífico matrimonio (parece lo único pacífico y lo único que hoy se une en aquesta región) un poco antes de deshovar sus caudales en el Golfo Pérsico.
El tiempo, el más poderoso e irónico de los fenómenos que afectan a la raza humana, ha zarandeado con saña esta antiquísima y hermosa porción del mundo donde alguien soñó el imposible paraíso, envileciéndola hasta convertirla en un inhóspito desierto. A aquel mitológico paraíso de antaño, los hombres de ayer y de hoy no sólo lo volvieron un desierto, sino que, con ayuda extranjera, lo están transformando en un infierno de venganza, corrupción y terrorismo.