Es cierto que la historia de Panamá es una sola, pero resulta necesario matizar aquella parte vinculada a la relación bilateral entre nuestro país y los Estados Unidos de Norteamérica.
Hubo quienes entendieron eso en el pasado y dispusieron crear una asignatura exclusiva para documentar, estudiar y enseñar la “Historia de las Relaciones en Panamá y Estados Unidos”.
Y había que hacerlo porque desde el segundo tercio del sigo XIX, nuestro andar como nación y después como República estuvo ligado al paso, presencia e injerencia de los Estados Unidos en la dinámica económica, política, social, cultural y, por supuesto, histórica del Istmo.
Es por ello que nunca caló bien entre la mayoría de los historiadores, conocedores y protagonistas de esta zaga de altibajos, de contradicciones de conflictos y, en muchas cosas, de cooperación mutua, la desatinada decisión de borrar de un plumazo esta asignatura del pénsum académico en el programa de estudios de los colegios, especialmente en el nivel medio.
Y no se trata de enquistarse en el pasado ni de avivar rencores eternos, sino de mantener vigente en las generaciones de ahora y de las que están por venir, una parte de nuestra historia que es casi centenaria y que prueba que por más 90 años una parte de nuestro territorio estuvo segregado y lo cual atrofió grandemente el crecimiento de la ciudad, en términos territoriales, así como del país, cuya economía estuvo aletargada, justamente, porque no podía usufructuar con plenitud uno de sus principales recursos como lo es el canal interoceánico.
Felizmente, la presión popular y el buen juicio de la Asamblea Nacional revirtió el error esta semana, cuando se aprobó el proyecto de ley que restituye la materia como parte de los planes de estudio.
Queda pendiente la sanción del Ejecutivo para corregir este yerro cometido hace dos años y volver a encauzar el tema como debe ser.
Sabemos que las condiciones de antes no existen, que las relaciones de ambos países ahora se dan en términos más respetuosos y que ya los tiempos en que nos miraban desde arriba han pasado, pero no hay que abandonar esa historia, hay que tenerla presente porque si no, podemos vernos condenados a repetirla.