Por un lado, están los padres que -mediante inmensos sacrificios- decidieron inscribir a sus hijos en centros escolares privados con la esperanza de que no sufran interrupciones y reciban una educación respetable y, del otro, están quienes se ven casi forzados a aventurarse en los colegios públicos donde la amenaza de huelga y la intranquilidad siguen marcando la nota predominante.
En cualquier caso, nadie debe obviar el hecho de que toda acción que se produzca debe ser en función de los elevados intereses de nuestros niños y jóvenes, quienes merecen más y mejores oportunidades.
Pero, a pesar de que el panorama puede lucir poco incierto, no podemos dejar que el pesimismo nos supere. No será fácil, pero si los padres de familia mantienen una actitud menos pasiva y se convierten en guardianes de la educación de sus hijos, seguramente se les podrá cortar el paso a quienes sólo ven la educación desde la óptica de sus intereses, sin medir la repercusión que su mezquindad tiene en las futuras generaciones.
Sobre desgraciados
Apreciado señor Editor: En mi acostumbrada lectura de ese prestigioso periódico, dedico siempre especial atención a la sección Día D a su digno cargo. Por ello, el domingo 28 me enteré del “último trabajo” escrito por el periodista peruano Jaime Bayly, como él describe sería “una novela sórdida, llena de desdichas” de la vida de 2 desgraciados, uno loco y otro cojo. Por lo que conozco de Bayly, como conductor de su programa en televisión, posee excelentes cualidades de cómico y humorista político que no desaprovecha excusa en su oportunismo protagónico.
No obstante, soslaya las realidades del pueblo peruano, igual que los Vargas Ll., con las penurias de las grandes mayorías, especialmente, las desdichas que sufren las desgraciadas etnias indígenas peruanas que constituyen la brillante historia de ese gran país. Igual, este señor elude los vergonzosos privilegios que el actual gobierno concede al ex presidente Fujimori.
De Jaime Bayly, se dice, pertenece al club de familias privilegiadas del Perú y, por ello, tal vez, piensa en una candidatura presidencial que, seguramente, tendría el resultado que tuvo la de otro miembro de esa “élite”, Mario Vargas Ll., quien, luego de su aplastante derrota no ha vuelto a lanzarse ni para Alcalde.
Cualquier cosa puede esperarse de sus excentricidades. Democráticamente, estos personajes tienen derecho a satisfacer sus caprichos. A veces resulta lo que conocemos en el argot popular como “palo loco”, ya pasó con el japonés, aunque los pueblos castigan el oportunismo y las poses extravagantes.
Es lo que algunos entendidos llaman “la enfermedad del poder” que corre por las venas de estas “élites” desgastadas que también existen en otros países de nuestra América.
Gracias por concederme la oportunidad del debate auténtico, analítico y serio como lo permite esta ventana cultural del Panamá América, bajo su atinada responsabilidad.
Atentamente, Jairo Henri Pertuz Suárez, Catedrático-Analista Internacional