Periodista
El debate como técnica incluye la argumentación, un tema conocido y que suscite interés, ideas antagónicas, ciertas reglas y un moderador. Se trata de rebatir las ideas contrarias y convencer de que las que se presentan son mejores. No es para nada sinónimo de discusión.
Pero quien decide qué parte sustentó mejor sus ideas, es el público.
Es una técnica que los docentes deben aplicar en todos los niveles educativos porque estimula el ejercicio de la libertad de expresión, el derecho a disentir, a respetar las ideas de los demás, a la vez que se propicia un clima participativo.
Los estudiantes deben elegir el tema sobre el que desean debatir y en este proceso se manifiesta la voluntad de la mayoría mediante un ejercicio democrático. Se anotan los temas propuestos y se realiza una votación.
Todos los estudiantes deben prepararse e investigar sobre el tema escogido.
Aunque sólo algunos serán los que debatirán, en el tiempo destinado a las preguntas, muchos podrán sustentar sus posturas.
Aunque los veamos muy activos y sociables, hay jóvenes que se cohíben cuando deben hacerlo en un entorno menos formal como es el aula. Recientemente en una autoevaluación, una estudiante incluía entre sus debilidades, el pánico de hablar en público.
Sin embargo, participó en un debate y los resultados la sorprendieron a ella misma. El tema era los factores que llevaban a un joven a delinquir. Quienes culpaban al ambiente se toparon con argumentos de que hay personas que han surgido de barrios pobres y es gente de bien. Otros decían que el papel de la familia es clave.
Muy interesante, productivo y alentador. Esta es la sensación que queda de actividades que tienen como objetivo estimular el pensamiento, la reflexión y mostrarle a la juventud que es un divino tesoro.